Archive for the 'reflexiones' Category

Consultorio

Mar 03 2010 Published by raulquiros under reflexiones

- Oye, ¿tú crees en la vida después de la muerte?
- No.
- ¿Y cómo puedes vivir sabiendo que te vas a morir?

[...]

- ¿Tú crees que hay vida después de la muerte?
- No lo sé. ¿Eres cristiana?
- No.
- ¿Entonces?
- Creo que hay unas fuerzas…
- ¿Como en Star Wars?

[...]

- ¿Crees en la reencarnación?
- No. Tú sí.
- Claro. Todos tenemos una vida pasada.
- Vaya.
- Lo que son las cosas.
- ¿Y a mí que me importa?
- Lo que no hiciste en la vida pasada, lo tienes que hacer en esta.
- Supongo que en mi vida pasada no pude ver la tele y rascarme los cojones.

[...]

- ¿Crees en la reencarnación?
- Tal vez. ¿Tú?
- Me da igual, solo trataba de darte conversación.
- Todo eso de la reencarnación es muy bonito, hasta que aprendes matemáticas.
- ¿Cómo?
- Si la población mundial ha ido creciendo exponencialmente, no hay cadáveres suficientes para reencarnarse.
- Puede que te reencarnes desde una mosca o una flor.
- Ya. Te aseguro que los que tienen más fe en la reencarnación no vienen precisamente de una mosca o de una flor. Vienen de animales elegantes o de faraones. Nadie desea venir del lumpenproletariat.
- Lumpen-¿qué?
- Es igual.

[...]

- ¿Crees en Dios?
- ¿En cuál?

[...]

- ¿Crees en Dios?
- Sí, creo en Dios, pero no creo en la Iglesia, ni en el dogma, ni en los curas.
- Entonces no crees en Dios.
- Sí creo en Dios, pero no creo en los curas. Creo a mi manera.
- No crees en Dios.
- Sí, te digo.
- Dios es la Iglesia, el dogma y los curas.
- Creo a mi manera.
- No creo que a Dios le importe demasiado tu opinión. Dios no es una barra de autoservicio, donde uno puede tomar lo que le venga en gana.

[...]

- ¿La vida después de la muerte? No en una vida, como la nuestra, pero sí en nuestra permanencia… Por ejemplo, a través del arte.
- ¿Piensas que uno permanece a través de su arte?
- Sí.
- ¿Qué te hace pensar que tu arte va a permanecer después de tu muerte?
- El arte permanece detrás de la muerte.
- Eso sí que es de una vanidad grandilocuente. ¿Quién cojones te crees que eres?
- El arte…
- El arte, pollas. El arte es un proceso de sedimentación y decantación. No existe la obra de arte pura: todo es una construcción de lo que hemos leído, escuchado y vivido. El arte no es un DNI, personal, único. El arte (una obra) es un edificio donde puede que no seas más que un simple peón de albañilería.
- El arquitecto.
- El arquitecto es el mundo, chaval.

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Fracasa

Feb 22 2010 Published by raulquiros under reflexiones

Nada más jamás. Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.

Samuel Beckett

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Diario de rehabilitación – Día III

Feb 15 2010 Published by raulquiros under reflexiones, relatos

- … cincuentaydos semanas por dos días a la semana, ciento cuatro días, a la semana. Ahora tengo treinta años, empecé con dieciséis… Perdone, pero esto es ridículo.
- ¿El qué es ridículo?
- Estas cuentas.
- No importa lo que sean. El ejercicio debe continuar. Le ayudará.
- Treinta menos dieciséis, catorce años. Catorce años por… ciento cuatro…
- No ha contado bien. Debe incluir los periodos vacacionales.
- Dos días más en Semana Santa, unos siete más, tal vez menos en verano… Y cuatro en navidades… ¿Está bien así? El otro día me dijeron que desde que lo dejé…
- Céntrese en las cuentas y después hablará de eso en la terapia de grupo. En total suman ciento diecisiete días por año.
- Ciento diecisiete días por catorce años son… Son… Mil seiscientos treinta y ocho días.
- Ése es el tiempo que has estado bebiendo. Sólo contando los fines de semana.
- ¿Y qué?
- Son casi cuatro años y medio de tu vida.
- Ya sé por dónde va. Es mucho tiempo.
- ¿Tú qué piensas?
- Que sí. Que es mucho.
- ¿Qué es lo que te dijeron desde que lo dejaste?
- Que no era el mismo.
- ¿Y lo eres?
- No sé.
- ¿Lo eres?
- El primer domingo de la primera semana que dejé el asunto, me desperté a las diez de la mañana. Miré a mi alrededor, no había nadie. La habitación estaba ordenada. La ropa sobre la silla. La cocina estaba limpia. Eran solo las diez: yo solía despertarme entre las dos o las cuatro. Tenía cinco horas por delante y sentía vértigo. Desayuné. Internet no funcionaba, así que traté de acostarme. No pude dormir. Pensé en tomar un tetrazepam y dormir hasta el día siguiente.
- ¿Qué hiciste?
- Salir a la calle. Comprar un periódico. Entrar en un bar, desayunar. Pensar en matarme. Llamar a algún colega, pero luego supuse que estarían durmiendo. Llamar a alguna ex, pero quizá también estarían durmiendo con algún colega. En el bar sentí que me observaban.
- ¿Por qué te iba a mirar?
- Se me notaría.
- ¿El qué?
- Que era un extraño.
- ¿Te da miedo tener tiempo libre?
- Llevo catorce años haciendo lo mismo, metódicamente, cada fin de semana. Es difícil no tener miedo.

Diario de rehabilitación, Fernando Cifuentes

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So long

Ene 29 2010 Published by raulquiros under reflexiones

“A bananafish,” he said, and undid the belt of his robe. He took off the robe. His shoulders were white and narrow, and his trunks were royal blue. He folded the robe, first lengthwise, then in thirds. He unrolled the towel he had used over his eyes, spread it out on the sand, and then laid the folded robe on top of it. He bent over, picked up the float, and secured it under his right arm. Then, with his left hand, he took Sybil’s hand.

J. D. Salinger, A perfect day for bananafish

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Diario de rehabilitación – Día II

Ene 25 2010 Published by raulquiros under reflexiones, relatos

a) No sabría decirte cuánto fue, pero desde luego no fueron la “puntas” que te pones en un pico del DNI y esnifas rápidolimpiamente. Podría haber sido lidocaína, yo que sé, hubo quién creyó tomar “cocaína uruguaya” y que por eso picaba tanto. La keta es muy rápida tomada en esa cantidad: te desplomas, te hundes en un hoyo y aunque siempre hay alguien empeñado en que te mantengas de pie, no existe lugar más cómodo para el trance que el suelo. No importa que sea alabastro o parqué, incluso el hormigón (en un hangar a las afueras de la ciudad) resultan tan cómodos como un colchón de viscolátex. Tienes la piel cubierta de gomaespuma y te piensas con la fuerza y energía suficientes como para hacer el pino con dos dedos. Lo mejor es la disociación, si es que esperabas la disociación: actúas y hablas normalmente, puedes llegar a discutir temas de relativa profundidad de manera automática con un lenguaje correcto, como si hubieras dejado un pelele en tu lugar mientras que tu única preocupación es pensar cuánta carrerilla debes tomar para saltar desde la terraza del piso en el que estás hasta la terraza del bloque de enfrente, cómo mantenerte en el aire o impulsarte con los árboles que hay entre medias y finalmente qué excusa donarle al sorprendido vecino. En Valencia llegué a pensar que podía trepar por las paredes. Más que pensamientos serios son ocurrencias divertidas: que puedes mantenerte en el aire durante unos segundos o que exudas conciencia(s). Esto último es bastante frecuente: cuentas con más personas de las que realmente hay, por eso tienes la sensación de estar rodeado de mucha gente.

b) Lo cierto es que yo andaba mucho más atenta a B. que a los monólogos de mi chico. Nos pasábamos la guitarra, hablábamos de acordes y canciones fáciles de tocar. Mi chico se levantó, cogió unos poemas y comenzó a revisarlos. Le pregunté entonces si podía leer alguno de ellos en voz alta. Me dejó uno y empecé a recitar, pero entre la keta, el cansancio y que el poema no tenía ni una maldita coma o pausa en las dos páginas que ocupaba, me entraba la risa y puse caras extrañas. Mi chico me arrebató el poema de las manos, lo leyó para sí y después lo tiró al suelo y lo pisoteó. Parece que le molestó darse cuenta de que aquel poema era malo, no sé, me dio un tanto igual. B. y yo continuamos con la guitarra y mi chico fue a preparar más keta.

c) El método de preparación es sencillo: se abre un bote y se vierte en un plato llano. Después se introduce en el microondas un minuto o dos, hasta que se evapore todo el agua. El residuo se raspa con una tarjeta de crédito y se machaca hasta que quede pulverizado. El polvo es muy blanco y muy fino. También hay quien lo bebe directamente: nunca la probé, pero tratándose de un anestésico no me fiaría.

Diario de rehabilitación, Fernando Cifuentes

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Aquellos maravillosos libros que no debemos leer

Ene 24 2010 Published by raulquiros under reflexiones

Durante aquellos años repletos de pensamiento mágico, tótems, supersticiones inventadas y catarsis que conforman la infancia, mi abuela, imbuida por un sentimiento de responsabilidad sobre mi formación espiritual, tuvo a bien alistarme en los salesianos del barrio para que, llegado el día, pudiera comulgar cristianamente. Solo hice un año de catequesis (lo normal son dos, pero si la endogamia vale con lo terrenal, ¡qué decir de los asuntos de Dios!) y luego la comunión.
La catequesis con los salesianos… Cómo decirlo… Moló. Creamos un periódico o algo así y nos íbamos de excursión. Dios y rezar y todas esas cosas eran un mal menor. Los monitores de las convivencias fumaban y contaban chistes verdes, dormíamos tres en la misma cama y hablábamos de enrollarnos y hacernos pajas.
Mi abuela, exultante por los resultados, me regaló un misalito infantil, perfectamente desechable por lo demás, pero que incluía las enseñanzas de un niño llamado Domingo Savio, que según rubricaba el propio libro, era “savio” de nombre y de espíritu. El niño, a decir verdad, daba escalofríos. No solo obedecía a sus padres y profesores, sino que tenía ataques de ira contra sus compañeros cuando estos se peleaban, fumaban o torturaban animales, es decir, todas las cosas que le hacían a uno niño. En una de esas aventuras, el Savio de Domingo encontraba a uno de sus camaradas leyendo un libro que consideró de carácter inapropiado (no especificaba de qué iba la historia que leía), así que el Savio de Domingo le arrebató el libro, lo hizo trizas delante de sus narices y luego levantando un dedo hacia los cielos soltaba algo así como: “los malos libros envenenan el corazón”
Esta historia se ha repetido hasta la saciedad y la imagen de la pira de libros es ya el símbolo supremo de la ignorancia, la mezquindad y la incultura de una sociedad. Nadie, con algunas lecturas a sus espaldas, promocionaría la censura de libros en virtud de nuestra salud literaria.
Excepto si el censor es un escritor. Por raro que parezca, cada vez hay más y más escritores e intelectuales que des-recomiendan la lectura de ciertos libros. Arguyen, eso sí, no que son perjudiciales para el alma humana, que corrompen nuestra sociedad sino que los libros “son malos” o “no son literatura”.
Una de las mayores frustraciones que he tenido como persona adulta ha sido el de no poder comportarme, siquiera una sola vez, como el matón que zurra a un empollón por sus maneras pedantes, sus aires de superioridad y su espíritu proselitista y condescendiente sobre cómo debe formarse el criterio (i. e. el espíritu) de sus compañeros lectores, quizá porque ¡ay! durante mi infancia yo formé parte o quise formarla de esa élite intelectual y me preocupaba más llegar intacto a casa que tratar de emplumar al empollón.
Ahora sí: el criterio de un lector o, más en general, de una persona se forma no sólo a través de las buenas lecturas o las buenas acciones, sino también a través de las malas; un criterio guiado solo por las buenas lecturas le convierte a uno en un lector parcial, de visión sesgada y segregacionista, en un lector manco o cojo: nunca se ha puesto de parte del malo. Ser escritor está muy bien, pero en realidad es una tarea muy vaga: uno se sienta con una idea y la escribe, allá el resto. Ser un buen lector conlleva un trabajo muy pesado que es el de tratar de descifrar los códigos que un tipo ha puesto sobre un libro, no aburrirse y tratar de destilar de todo aquello algo positivo. Si finalmente lo que lee le parece bueno, quizá sea bueno; si no, seguramente sea malo.

Por eso los ataques velados a la “mala literatura” me recuerdan mucho las historias de censura que el misalito incluía de boca de Domingo Savio, y las ganas de que uno se vuelva el matón que nunca fue reviven.

Por ejemplo en:

Hay libros malos que están muy bien escritos y éstos a la larga son los peores, pues suelen tener muchos lectores que creen que la lectura fácil es la verdadera literatura. Los editores los llaman “literatura comercial de calidad”. Estos libros, más que no acabarlos, lo que se debe hacer es jamás empezarlos.
Santiago Gamboa

En fin, no hay nada especial en esta digamos literatura, y olvídense de que estamos ante un Stephen King o cosa por estilo. Ya puestos, estamos ante un Zafón escandinavo. Aquí el éxito se debe, por si también alguien lo pregunta, a la cantidad de basura que almacena nuestra cabeza y a la ocasión que nos proporciona Larsson de rebozarnos en ella.
Alejandro Gándara

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Los premios

Ene 17 2010 Published by raulquiros under reflexiones

Los premiados, en general, parecen ser los primeros sorprendidos. Cuando el dramaturgo irlandés Samuel Beckett recibió por teléfono la noticia de su premio, en 1969, exclamó consternado: «¡Dios mío, qué desastre!». Pablo Neruda, en 1971, se enteró tres días antes de que se publicara la noticia, por un mensaje confidencial de la Academia Sueca. Pero la noche siguiente invitó a un grupo de amigos a cenar en París, donde entonces era embajador de Chile, y ninguno de nosotros se enteró del motivo de la fiesta hasta que los periódicos de la tarde publicaron la noticia. «Es que nunca creo en nada mientras no lo vea escrito», nos explicó después Neruda con su risa invencible. Pocos días más tarde, mientras comíamos en un fragoroso restaurante del Boulevard Montparnasse, recordó que aún no había escrito el discurso para la ceremonia de entrega, que tendría lugar 48 horas después en Estocolmo. Entonces volteó al revés la hoja de papel del menú, y sin una sola pausa, sin preocuparse por el estruendo humano, con la misma naturalidad con que respiraba y la misma tinta verde, implacable, con que dibujaba sus versos, escribió allí mismo el hermoso discurso de su coronación.
Gabriel García Márquez. El fantasma del Premio Nobel.

El desastre se ceba en mí y en este humilde blog.

Laven sus conciencias votando a los otros:

http://www.revistadeletras.net/votaciones/

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R.A.E.

Ene 14 2010 Published by raulquiros under reflexiones, teatro

Diversión:
3. f. Mil. Acción de distraer o desviar la atención y fuerzas del enemigo.

Amor:
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. 4. m. Tendencia a la unión sexual.

Sexo:
4. m. Placer venéreo

Amistad:
1. f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
6. f. ant. Deseo o gana de algo.

Ocio:
4. m. pl. Obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones.

[...]

Producir:
7. tr. Econ. Crear cosas o servicios con valor económico.

Trabajo:
6. m. Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital.
12. m. pl. Estrechez, miseria y pobreza o necesidad con que se pasa la vida.

Masa:
8. f. Gran conjunto de gente que por su número puede influir en la marcha de los acontecimientos

Borrego:
3. m. Hombre que se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena.

Sueño:
6. m. Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse.

Esperanza:
3. f. Rel. En la doctrina cristiana, virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

Rebeldía:
3. adj. Dicho de una enfermedad: Resistente a los remedios. 4. adj. Der. Dicho de una persona: Que por no comparecer en el juicio, después de llamada en forma, o por tener incumplida alguna orden o intimación del juez, es declarada por este en rebeldía. U. t. c. s.

Sociedad:
4. f. Com. Agrupación de comerciantes, hombres de negocios o accionistas de alguna compañía.

Estado:
2. m. Cada uno de los estamentos en que se dividía el cuerpo social; como el eclesiástico, el de nobles, el de plebeyos, etc. 3. m. Clase o condición a la cual está sujeta la vida de cada uno.

Libertad:
2. f. Estado o condición de quien no es esclavo. 3. f. Estado de quien no está preso. 4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad. 5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.

Información:
8. f. ant. Educación, instrucción.

Izquierda:
10. (Por la posición que ocupaban los componentes en las asambleas de la Revolución francesa). f. En las asambleas parlamentarias, conjunto de los representantes de los partidos no conservadores ni centristas

Derecho/a:
1. adj. Recto, igual, seguido, sin torcerse a un lado ni a otro. 2. adj. Justo, legítimo. 3. adj. Fundado, cierto, razonable. 11. m. Consecuencia natural del estado de una persona, o de sus relaciones con respecto a otras. El derecho del padre. Los derechos de la amistad.

[...]

Filosofía:
3. f. Conjunto de doctrinas que con este nombre se aprenden en los institutos, colegios y seminarios.

Filósofo:
4. m. Hombre virtuoso y austero que vive retirado y huye de las distracciones y de los lugares muy concurridos.

Arte:
3. amb. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo.

Suicidio:
2. m. Acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza.

Leer:
7. tr. Descifrar un código de signos supersticiosos para adivinar algo oculto.

Cultura:
4. f. ant. Culto religioso.

Juventud:
6. f. pl. Rama juvenil de una formación política, religiosa, etc.

Religión:
2. f. Virtud que mueve a dar a Dios el culto debido. 4. f. Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber.

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Este es un bocado del regalo de Navidad que os voy a hacer

Dic 08 2009 Published by raulquiros under reflexiones

Por ejemplo, cuando guardo cola frente a los teletransportadores. No puedo dejar de pensar en la multitud de veces que la instrumentación falla y de repente aparece al otro lado un brazo, una pierna o peor, una cabeza enhiesta, dibujándose y materializándose línea a línea y flotando un instante en el aire del teletransportador del aeropuerto de Gatwick o en el Charles de Gaulle y, de repente, en un apagón eléctrico o en una falla de la señal, el áura que sostiene la testa en el aire desaparece y la cabeza cae secamente sobre el suelo de la cabina metálica, como una sandía o un melón o un balón lleno de piedras. Mi temor no es aparecer en París con un brazo menos o sin cabeza, de hecho es bastante improbable que esto ocurra tras la catastrófica intervención en Uganda de los servicios de inteligencia israelíes hace un par de décadas, desde entonces se comprueba que los objetos duplicados al otro lado son en efecto duplicados y no objetos tarados. En el caso de animales y otros objetos vivos el asunto es más sencillo, en realidad hay poco que transportar de un lado para otro, agua y cinco o seis elementos básicos y en cualquier caso uno siempre tiene la conciencia de estar ya en otro sitio, al menos en el otro sitio y no le interesa mucho qué es lo que queda en origen.

Amin Yusuf, El otro

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El quid

Nov 07 2009 Published by raulquiros under reflexiones, teatro

Imagine por un momento estas dos historias:

Dos hermanos, un niño de 13 años y una niña de 14, parte de viaje con sus padres en el coche familiar. A mitad de camino, la familia para en un Burger King, toman algo de cena y vuelven al automóvil. En la carretera, los niños se acomodan en la parte trasera, se cubren con una manta y allí hacen el amor, sin que los padres se percaten. El hermano muere al poco tiempo. La niña crece y jamás revela aquello a nadie.

La siguiente historia también trata de dos hermanos, un niño de 13 años y una niña de 14, que también parten de viaje con sus padres en el coche familiar. Solo que esta vez el niño de 13 años tiene leucemia, necesita un transplante de médula y se dirigen a un hospital que está a gran distancia. Durante el viaje, el niño tiene una erección, la hermana se percata, y cuando están cenando en el Burguer King el hermano le confiesa que aún es virgen. A la vuelta en el coche, la niña se desliza bajo la manta y allí deja que su hermano la penetre. Los padres no se dan cuenta. El niño muere a los pocos meses y la niña jamás revelará lo ocurrido.

Las dos historias son exactamente la misma: la narración de un hecho incestuoso. Sin embargo, el quid del asunto, en la segunda historia está desviado. Mientras que en la primera al lector le falta lo explícito: ¿por qué muere? ¿por qué se acuestan? ¿por qué no lo revela?, en la segunda hay una pornografía de detalles: la leucemia, la virginidad, el amor tan inmenso que rompe el tabú del incesto.

En la primera uno se balancea sobre las preguntas: tiene claro lo que sucede (un incesto) pero no sabe qué decirse: ¿A quién condenar? ¿A los padres? ¿A los niños? ¿Por qué?

En la segunda al lector se le da la respuesta: piedad. Es igual que los dos hermanos se hubieran acostado, o la niña hubiera asfixiado al hermano: cualquier tabú roto no es otra cosa que un sacrificio que el Amor hace para que al fin triunfe sobre la Muerte. De hecho, la historia así contada no trata de hermanos que se acuestan, la historia trata del lector. De un lector que aún conociendo los tabúes y los miedos y soportándolos busca en lo escatológico, en la resolución simple su alivio.

La primera historia no la he escuchado en mi vida. La segunda sí.

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