Los premios

Los premiados, en general, parecen ser los primeros sorprendidos. Cuando el dramaturgo irlandés Samuel Beckett recibió por teléfono la noticia de su premio, en 1969, exclamó consternado: «¡Dios mío, qué desastre!». Pablo Neruda, en 1971, se enteró tres días antes de que se publicara la noticia, por un mensaje confidencial de la Academia Sueca. Pero la noche siguiente invitó a un grupo de amigos a cenar en París, donde entonces era embajador de Chile, y ninguno de nosotros se enteró del motivo de la fiesta hasta que los periódicos de la tarde publicaron la noticia. «Es que nunca creo en nada mientras no lo vea escrito», nos explicó después Neruda con su risa invencible. Pocos días más tarde, mientras comíamos en un fragoroso restaurante del Boulevard Montparnasse, recordó que aún no había escrito el discurso para la ceremonia de entrega, que tendría lugar 48 horas después en Estocolmo. Entonces volteó al revés la hoja de papel del menú, y sin una sola pausa, sin preocuparse por el estruendo humano, con la misma naturalidad con que respiraba y la misma tinta verde, implacable, con que dibujaba sus versos, escribió allí mismo el hermoso discurso de su coronación.
Gabriel García Márquez. El fantasma del Premio Nobel.

El desastre se ceba en mí y en este humilde blog.

Laven sus conciencias votando a los otros:

http://www.revistadeletras.net/votaciones/

8 Respuestas a “Los premios”

Muy sutil lo tuyo, sí señor ;P

(No te worrys que te he votado desde todos los ordenadores que he encontrado a mano y hasta te he hecho un mailing… otra cosa es que me hagan caso, claro)

  • Por: Nadna
  • el: 01.18.2010
  • a las: 11:25

Este juego acabará mal…

  • Por: raulquiros
  • el: 01.19.2010
  • a las: 9:28

Ya me veo en Barcelona.
Tú, si quieres, puedes venir también.

  • Por: msj
  • el: 01.19.2010
  • a las: 12:56

Leo “El fantasma del Premio Nobel”, el artículo de Gª Márquez a que nos remite el texto, y me asombro al comprobar que Graham Greene dice, o le hace decir la traducción que propone G.M., que Borges era entonces, cito, “uno de los mejores NOVELISTAS actuales”. ¿Tan invasiva es la novela que incluso a quien en su vida escribió una, y no las estimaba particularmente, (”no es menos artificial que la alegoría o la ópera”, escribió) hay que hacerle novelista? Sin duda, también lo serán Dante o Shakespeare. O (¿por qué no?) Velázquez, o Mozart. Hombre, ya está bien: no todo en el arte -ni siquiera en la literatura- es novela. Afortunadamente.

  • Por: marinero
  • el: 01.19.2010
  • a las: 1:28

Hola José, no había caído en esa cita que mencionas pero me ha traído a la memoria un artículo un tanto beligerante de Alberto Olmos sobre relatos y novelas.

http://hkkmr.blogspot.com/2009/12/genero-y-practica-el-cuento-y-la-novela.html

  • Por: raulquiros
  • el: 01.19.2010
  • a las: 2:35

Yo, o sea “marinero” (no “José”), no conocía el artículo de Alberto Olmos; acabo de leerlo, y también (por encima, porque es larguísima) la discusión subsiguiente. Estoy de acuerdo con “Marta”,cuando dice que no hay géneros menores, sino obras menores. De sus insuficiencias como lector (la poesía, por ejemplo), Olmos pretende hacer norma; es como si un daltónico se empeñara en que quienes no tenemos problemas con los colores somos los equivocados, y que su manera de ver es la única legítima. No sé a cuantísimas docenas de novelistas le parecerá inferior Pessoa (o Emily Dickinson, o Cernuda, o Dante, o San Juan de la Cruz), pero sé que eso es problema suyo. O Borges, a quien se cita, o Poe, o Chejov, o tantos cuentistas excelentes. La literatura no se mide por metros. Esa insuficiencia suya como lector me recuerda la que aparece en “Contra los poetas”, de Witold Gombrowicz, quien intenta aclarar su desvío de la poesía señalando que el azúcar puede estar muy bien en ciertas ocasiones, pero que un plato de sólo azúcar es demasiado. Si de verdad Dante le parece “un plato de sólo azúcar”, sólo podría recomendársele un poco más de humildad; la suficiente, al menos, para tomarse el trabajo de aprender a leer. La verdadera poesía no pretende endulzar nada; es, simplemente, otra manera de mirar el mundo. Hay quien es incapaz de percibirla. No pasa nada, todos tenemos limitaciones. Pero cuando alguien se muestra orgulloso de las suyas, y pretende convencernos a todos para que las adoptemos, ciertamente hay algo en él que no funciona.

  • Por: marinero
  • el: 01.19.2010
  • a las: 11:33

Releí hace poco (digamos “hace meses”) el libro de Gombrowicz y según lo que recuerdo, o así quiero recordar, sus lanzas no apuntaban tanto a la Poesía, así, como eidos, sino a la parafernalia poética: inenarrable el momento en que presenta una chorrada como arte de vanguardia y la crítica lo aplaude: el problema no es de la poesía como labor (que como bien dices es una forma de mirar al mundo, aunque a mí me gusta más entenderlo como una forma de “traducir” el mundo) sino de la actitud de los poetas y, más allá, de los que pululan alrededor de la edición de poesía. En todo caso, no entendí sus relecturas y reescritura de Dante como un ataque, sino como una broma colosal en la cual se le rendía homenaje: bien puede ser, también, que el recuerdo de la lectura sea demasiado tolerante con Gombrowicz.

En cuanto al artículo de Olmos, no ahondé demasiado en su lectura a partir de que enunciara las 6 razones “indiscutibles”, la mayoría de ellas refieren, al tiempo de ejecución: Una novela tarda en escribirse más que un cuento, sí, pero un cuento no se vende por sí solo, es decir, hay que escribir una serie de ellos para que ocupen un libro y se vendan, etc., una novela puede reducirse a un relato, y un relato alargarse hasta la novela…

En todo caso, una clasificación es innecesaria: ahora podría salir un dramaturgo y decir que el teatro es un género mayor que la novela, porque consume mucho más tiempo y recursos y personas, o un director de cine aplastando al dramaturgo o uno de ópera riéndose de los dos.

  • Por: raulquiros
  • el: 01.20.2010
  • a las: 9:04

No se trata de la valoración que Gombrowicz hacía específicamente de Dante, a quien sólo he puesto como ejemplo. La cita que hago de “un plato de sólo azúcar” es literal; ¿es que acaso Pessoa, o Cernuda, o cualquiera de los que citaba -o de los muchísimos que podría citar- sí es “un plato de sólo azúcar”? La poesía es algo más de lo que Gombrowicz (o Alberto Olmos) dicen. Y quizá ellos no alcanzan hasta allí -al menos, no dan la impresión de hacerlo. En estos casos, lo mejor que uno puede hacer es reconocer sus limitaciones (como dije, todos las tenemos: Gombrowicz, Olmos o yo mismo), y callarse. Hay ocasiones, y no son pocas, en que el silencio es la actitud más lúcida que se puede adoptar.

  • Por: marinero
  • el: 01.20.2010
  • a las: 1:15

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