Archive for Diciembre, 2009

El regalo prometido

Dic 26 2009 Published by raulquiros under relatos

Espero que os guste, pero como todo escrito está en un constante rehacer.

¡Feliz Navidad!

Zimbabue

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Epitimía

Dic 23 2009 Published by raulquiros under teatro

No es el regalo que os prometo, pero podéis ir abriendo boca con la siguiente boutade, que tiene momentos geniales.

Epitimía

V1— Lo primero, tenéis que convencer a la masa burguesa de que vuestra revolución es válida. Pero al mismo tiempo tenéis que educaros sentimental e ideológicamente. Así que tú y tú (señalando a J1 y J2) me vais a por un paquete de Ducados y de paso visitáis a la Mente Bienpensante Que Va De Progre Pero No Quiere Ni Oir Hablar De La Revolución, que en tanto que paradigma de la mente pequeño burguesa, representa a todas las mentes pequeño burguesas que comen hamburguesas en el Mc Donald’s.

En breve la colocaremos en Bubok o Lulú por si queréis una versión en papel, pero la obra es completamente sin precio, que no gratuita ni sin valor.

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Relato Navideño (otro bocado)

Dic 17 2009 Published by raulquiros under relatos, viajes

La evidencia de saber que un doble mío andaba por la ciudad de Harare, algo que venía sospechando ya desde Durban, mientras le daba vueltas a asunto del teletransportador, no era lo que más me intrigaba: sí, en cambio, que ese doble mío no hubiera sido retenido en el aeropuerto de Harare en el momento mismo del fallo en la terminal de Madrid y, sobre todo, que mi doble estuviera actuando como si yo no existiera, o más bien, como si él existiera. Sólo conocía otro caso de una replicación exacta a causa de un teletransporte. Le ocurrió a Van Rooken, un trajeado de contabildad, en un viaje de vacaciones. Después de haber lanzado a toda su familia a través de la cabina sin ningún problema (acudían a visitar a unos familiares cerca de Haarlem, en Holanda), Van Rooken se demoró unos instantes tratando de aliviar algo de peso de la maleta. En aquel momento, la cabina tuvo una fuga en el sistema de refrigeración, pero ni el oficial ni los técnicos del aeropuerto fueron conscientes. Van Rooken entró en la cabina, ésta se puso en funcionamiento y tras realizar el análisis químico y comenzar la transmisión, se fundió. Van Rooken salió fastidiado de la cabina y llamó a su esposa. Lo intentó varias veces, pero las radiaciones de la cabina habían frito el teléfono móvil así que se dirigió a teléfono público y por fin pudo hablar con su mujer. Se quedó estupefacto al encontrar a su querida esposa sumida en un ataque de nervios, sorbiendo constantemente e hipando un discurso ininteligible. Trató de calmarla desde 3000 km. de distancia, y cuando por fin lo consiguió la mujer le contó qué es lo que había ocurrido. Al parecer, un momento antes de que estallara la cabina en origen, la cabina en Haarlem había transportado una réplica de Van Rooken que incluso llegó a salir por su propio pie de la cabina. Sin embargo, cinco segundos después, mientras el auténtico Van Rooken se quejaba a los técnicos por el fallo técnico, la réplica de éste se desplomaba ante el espanto y el colapso emocional de su mujer y sus hijos. Puesto que no tenían ninguna noticia de que el transporte hubiera sido fallido, habían considerado que el Van Rooken que salía por la puerta era el auténtico y que su desplome se debía a un mareo por el viaje. Pues bien, ese Van Rooken que se desplomaba lo hacía muerto, como de un latigazo. Solo cinco minutos más tarde, cuando el auténtico Van Rooken llamó por teléfono a su esposa pudieron respirar tranquilos tanto los técnicos, como los sanitarios que habían tratado de reanimar a una réplica fallida y más aún, los directivos de la empresa instaladora.
Mi réplica había sobrevivido al proceso y era, a ojos de todos, un hombre normal y corriente, un trabajador que había llegado a Harare, se había registrado en la autoridad sanitaria del hospital y había pasado la noche allí. El asunto de la conciencia me tenía intranquilo. Aunque soy poco dado a la escatología propia de estos asuntos, siempre había considerado que la conciencia era irreproducible. Se me puede acusar de religioso y aunque se tiene por cierto que alma y materia van unidos y son indisolubles, no cabe duda que en el caso de Van Rooken no había ocurrido así: el primero, el que tenía alma, refunfuñaba y trataba de hablar con su mujer, y el segundo era lo más parecido a un pollo sin cabeza que avanza por inercia en un pasillo el aeropuerto de Haarlem.

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Este es un bocado del regalo de Navidad que os voy a hacer

Dic 08 2009 Published by raulquiros under reflexiones

Por ejemplo, cuando guardo cola frente a los teletransportadores. No puedo dejar de pensar en la multitud de veces que la instrumentación falla y de repente aparece al otro lado un brazo, una pierna o peor, una cabeza enhiesta, dibujándose y materializándose línea a línea y flotando un instante en el aire del teletransportador del aeropuerto de Gatwick o en el Charles de Gaulle y, de repente, en un apagón eléctrico o en una falla de la señal, el áura que sostiene la testa en el aire desaparece y la cabeza cae secamente sobre el suelo de la cabina metálica, como una sandía o un melón o un balón lleno de piedras. Mi temor no es aparecer en París con un brazo menos o sin cabeza, de hecho es bastante improbable que esto ocurra tras la catastrófica intervención en Uganda de los servicios de inteligencia israelíes hace un par de décadas, desde entonces se comprueba que los objetos duplicados al otro lado son en efecto duplicados y no objetos tarados. En el caso de animales y otros objetos vivos el asunto es más sencillo, en realidad hay poco que transportar de un lado para otro, agua y cinco o seis elementos básicos y en cualquier caso uno siempre tiene la conciencia de estar ya en otro sitio, al menos en el otro sitio y no le interesa mucho qué es lo que queda en origen.

Amin Yusuf, El otro

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Nigeria 8

Dic 01 2009 Published by raulquiros under relatos

8
Entre la multitud de correos que Adèle ha recibido hay uno del departamento de administración que reclama un menor gasto de material de oficina a sus empleados, otro del departamento de contabilidad que avisa del cierre del mes y por tanto la insinuación de prolongar un par de horas cada día la jornada laboral y otro más de recursos humanos que oferta a ciertos empleados la posibilidad de apuntarse a un grupo de inglés. Hay otros tres correos que llaman la atención de Adèle. El primero lleva fecha del domingo, a las ocho de la tarde. El remitente es Joan, el amigo de Marc que conoció el sábado. El texto es escueto y limpio, parece escrito un poco a desgana, como si en realidad el que lo enviara no viese la necesidad de hacerlo o, mejor, supiese la futilidad de hacerlo. En el correo, Joan saluda brevemente, le pregunta qué tal lo pasó la tarde del domingo y le pregunta si querría tomar algo con él el miércoles, sin ningún compromiso. Se despide con besos y firma Joan. Sin posdata. El segundo correo es de Térèse. Es un correo extenso, que le lleva bastante tiempo leer, no tanto por la longitud del mismo como por lo intrincado de la gramática. Las palabras regatean los significados y se entrelazan unas con otras de manera extraña, intentando ocultar las verdaderas intenciones de quién lo escribe. Esto irrita a Adèle, pues piensa que Térèse no tiene necesidad de andarse con estos juegos, al menos con ella, y considera que puede dirigirse de una manera franca y directa, tanto en persona como por correo. Térèse comienza hablando de la noche que salieron, refiere algún tropiezo gracioso en los servicios y celebra alguna ocurrencia anodina de Marc. Después pregunta por Joan y por Adèle, sin mencionar o sin atreverse a inferir si finalmente mantuvieron relaciones sexuales. Para aliviar la tensión, cuenta como fue su vuelta a casa de Marca, alguna inconveniencia doméstica, como una deyección del perro en el salón o la falta de refrescos en el frigorífico. Finalmente describe qué tal tipo le parece Joan, lo que le impresiona de él y lo que le desagrada, y así dibuja un retrato entre cómico y romántico, alguna aventura extra que el hombre mantuvo infructuosamente con alguna conocida de Marc y sus múltiples cualidades como hombre honeste. Añade al final “futurible” entre interrogaciones. Firma con muchos besos y añade una posdata de quince líneas acerca de un asunto de cirugía estética que le ronda la cabeza últimamente.
El remitente tercero le es desconocido a Adèle. El correo, de apenas tres líneas y sin asunto, está escrito con una ortografía terrible y sintaxis tramposa. En él, un individuo que se hace llamar Amin declara ser el heredero único de una fortuna industrial en Nigeria. Señala que, debido a la inestabilidad del país y las restricciones arancelarias del gobierno en activo es incapaz de realizar nuevas inversiones en el país o los fronterizos, con lo cual busca una persona de confianza en el extranjero donde pueda mover su capital, ofreciéndole, en justo pago, un porcentaje del total del dinero. Se despide encomendando a su receptor a Dios y firma con su nombre. Sin posdata.
De los tres correos, Adèle solo contesta con urgencia a este último.

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