El Buen Ladrón, Neil Jordan

Nov 24 2009

El buen ladrón
Director: Neil Jordan
Intérpretes: Nick Nolte, Tchéky Karyo, Saïd Taghmaoui, Nutsa Kukhianidze, Marc Lavoine, Emir Kusturica
País: Francia, Gran Bretaña, Irlanda Año: 2002. Fecha de estreno: 04-09-2003
Duración: 108 min.

Con la ayuda de un imponente Nick Nolte y una inspirada aparición del también cantante Marc Lavoine, Neil Jordan, director también de la potable Entrevista con el Vampiro y la perdonable Michael Collins, monta un film de narrativa clásico de asaltos a casinos, planes conspiratorios y juego, muy en la línea de películas como Ocean’s Eleven. Bob Montagnet (Nick Nolte) es un jugador, experto en arte y heroinómano que desea tocar fondo. Tras salvar a una prostituta, Anne (Nutsa Kukhianidze) de 17 años de las manos de su chulo (Marc Lavoine), su camarada Raoul (Gerard Darmon) le propone robar unas pinturas en el casino de Montecarlo mediante un doble plan para engañar al policía-detective encargado de atraparle, Roger  (Tchéky Karyo). Bob y Raoul preparan el asalto minuciosamente, contando para ello con un elenco de colaboradores de lo más peculiar, un transexual, un ruso que habla atropelladamente el inglés, un pequeño traficante de heroína que les servirá de cabeza de turco… Al mismo tiempo, Anne irá enganchándose más y más al caballo y descubriendo y revelando detalles del plan a quien no debe…

El problema con el film en sí es que, a pesar de seguir los inescrutables caminos de los guiones con asaltos a casinos, museos, Fort-Noxes etcétera, el personaje de Nick Nolte es tan apabullante que desborda cualquier intento de psicología en el resto. La prostituta Anne, aunque tiene sus momentos, queda desdibujada por su mal traída candidez y rebeldía juvenil, convirtiéndose así en una mera justificación para dar continuidad a la acción. Los ladrones, por contra, rozan el ridículo por lo estereotipada que resulta su construcción (los gemelos que hablan alternativamente sin perder el hilo del discurso, el transexual forzudo con miedo a los insecto). Y el final resulta cuando menos incomprensible: queda muy en el aire cuál es el verdadero papel de Bob en todo el asunto, si el desconocimiento del resto del equipo del plan es premeditado o no y qué pinta la joven prostituta en todo el asunto del robo.

La película, al parecer, es un remake (además de una pasarela de cameos, con Ralph Fiennes, Marc Lavoine, Kusturica, etcétera) de Bob, Le Flambeur, dirigida por el solvente director de cine de la nouvelle vague Jean-Pierre Melville, quizá se pueda hallar aquí la razón de la cojera de ciertas partes de una película, que como poco, resulta entretenida.

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