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	<title>Comentarios en: Lo que se da en el Hotel Kafka</title>
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	<description>Blog de Raúl Quirós</description>
	<lastBuildDate>Fri, 03 Sep 2010 10:02:29 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Por: OPCION B</title>
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		<dc:creator>OPCION B</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2009 22:44:39 +0000</pubDate>
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		<description>Prueba de Selectividad de Lengua y Literatura que realizaron los estudiantes de Madrid en 2000.

OPCION A

Los pavos reales del papel carmesí parecían destinados a alimentar pesadillas tenaces, pero el señor Villari no soñó nunca con una glorieta monstruosa hecha de inextricables pájaros vivos. En los amaneceres soñaba un sueño de fondo igual y de circunstancias variables. Dos hombres y Villari entraban con revólveres en la pieza o lo agredían al salir del cinematógrafo o eran, los tres a un tiempo, el desconocido que lo había empujado, o lo esperaban tristemente en el patio y parecían no conocerlo. Al fin del sueño, él sacaba el revólver del cajón de la inmediata mesa de luz (y es verdad que en ese cajón guardaba un revólver) y lo descargaba contra los hombres. El estruendo del arma lo despertaba, pero siempre era un sueño y en otro sueño el ataque se repetía y en otro sueño tenía que volver a matarlos.

Una turbia mañana del mes de julio, la presencia de gente desconocida (no el ruido de la puerta cuando la abrieron) lo despertó. Altos en la penumbra del cuarto, curiosamente simplificados por la penumbra (siempre en los sueños del temor habían sido más claros), vigilantes, inmóviles y pacientes, bajos los ojos como si el peso de las armas los encorvara, Alejandro Villari y un desconocido lo habían alcanzado, en fin. Con una seña les pidió que esperaran y se dio vuelta contra la pared, como si retomara el sueño.

Jorge Luis Borges: El Aleph

por supuesto elegí la B....</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Prueba de Selectividad de Lengua y Literatura que realizaron los estudiantes de Madrid en 2000.</p>
<p>OPCION A</p>
<p>Los pavos reales del papel carmesí parecían destinados a alimentar pesadillas tenaces, pero el señor Villari no soñó nunca con una glorieta monstruosa hecha de inextricables pájaros vivos. En los amaneceres soñaba un sueño de fondo igual y de circunstancias variables. Dos hombres y Villari entraban con revólveres en la pieza o lo agredían al salir del cinematógrafo o eran, los tres a un tiempo, el desconocido que lo había empujado, o lo esperaban tristemente en el patio y parecían no conocerlo. Al fin del sueño, él sacaba el revólver del cajón de la inmediata mesa de luz (y es verdad que en ese cajón guardaba un revólver) y lo descargaba contra los hombres. El estruendo del arma lo despertaba, pero siempre era un sueño y en otro sueño el ataque se repetía y en otro sueño tenía que volver a matarlos.</p>
<p>Una turbia mañana del mes de julio, la presencia de gente desconocida (no el ruido de la puerta cuando la abrieron) lo despertó. Altos en la penumbra del cuarto, curiosamente simplificados por la penumbra (siempre en los sueños del temor habían sido más claros), vigilantes, inmóviles y pacientes, bajos los ojos como si el peso de las armas los encorvara, Alejandro Villari y un desconocido lo habían alcanzado, en fin. Con una seña les pidió que esperaran y se dio vuelta contra la pared, como si retomara el sueño.</p>
<p>Jorge Luis Borges: El Aleph</p>
<p>por supuesto elegí la B&#8230;.</p>
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