Nigeria

In: relatos|viajes

6 sep 2009

1
Después de atursarse el pelo durante algunos segundos frente a la cenefa de espejo de la cafetería, Térèse comienza a detallarle a Adéle la preparación del plato que cenó la noche anterior. Adéle saca un pequeño cuaderno del bolsillo, un lapicero tan gastado que apenas puede sujetarse entre los dedos y, sonriendo, espera a que Térèse le recite las instrucciones. Entonces, Térèse, tras unos momentos en los que trata de poner en orden las explicaciones, le dice que debe cortar dos o tres limones en cuatro partes y que cada una de esas partes debe dejarla secar en sal durante tres semanas. Adéle pregunta cómo puede conseguir que el trozo se seque y no se pudra y Térèse le revela que ella utilizó un tarro hermético donde introdujo la fruta y luego lo cubrió con una capa de sal marina. Adéle asiente y le pide que continúe mientras anota “tarro, sal marina” en el bloc. Térèse afirma que los trozos de limón habrán macerado después de ese tiempo y que entonces estarán listos para servir de ingrediente. Cuando se vaya a preparar el plato, prosigue, se deben picar aceitunas negras que no se hayan conservado en aceite, y que es preferible que vayan aliñadas con ajo. Después se desmenuza un trozo de limón, se le limpia la sal y se mezcal con las aceitunas.
El camarero del café interrumpe la conversación y les sirve un té a cada una, el de Adéle con una rajita de limón. A Adéle le hace gracia este detalle, pero Térèse parece no darse cuenta, así que continúa escribiendo como si nada hubiera ocurrido. Lo que sigue es más fácil y rápido: se embadurnan unas tiras de piel de pollo en sal marina y se dejan reposar durante una hora. Adéle asiente y Térèse comprueba con satisfacción que sus explicaciones son precisas, ya que hasta entonces Adéle apenas la ha interrumpido. Le dice que debe colocar las tiras de pollo en el horno a una temperatura de ciento cincuenta grados, hasta que se hayan dorado. Adéle quiere preguntar si daría igual el microondas que el horno para este paso, pero prefiere guardar silencio y apunta. Una vez que están asadas, dice, se saca y se sirven junto a la guarnición de aceitunas y limones. Adéle le da las gracias repetidas veces y Térèse le cuenta cómo quedó encantada cuando probó la tapa en casa de su compañero; Adéle le pregunta si sabe de qué tierra es la receta, puesto que le resulta muy exótica. Térèse duda y dice que de África, aunque no sabría de dónde; Adéle pregunta que si podría ser de Nigeria y Térèse niega con rotunidad, puesto que su compañero nunca ha estado en Nigeria. Quizá de Túnez o Marruecos. Adéle insiste si seguro que no es de Nigeria y Térèse niega por segunda vez. Las amigas quedan en silencio mientras se sirven azúcar en el té. Cuando Adéle sumerge la rodaja de limón en la taza piensa en si en Nigeria utilizarán el limón para cocinar. Se sonríe y prueba a sorbos el té, mientras Térèse se vuelve de nuevo hacia los espejos, al tiempo que protesta por su cabello.

Nigeria, Louis Kass

Comment Form

About this blog

Este es el blog de Raúl Quirós Molina, autor de varios libros de poesía y en proceso de publicación del libro de relatos Un hombre cae de un edificio También mantiene el blog de humor Mugu