Dos metáforas desafortunadas

Jul 14 2009

“Escribir poesía es como para el ama de casa hacer la comida todos los días, si no se lo toma con humor, se acaba suicidando.” (Carlos Pardo, http://terranoticias.terra.es/articulo/html/av2273825.htm)

Desde la ampliación de la UE al Este, sin embargo, la situación ha empeorado. Rumanas, búlgaras, checas e incluso nigerianas toman cada noche posiciones en torno a la ciudad de la carne, así llamada porque allí se concentraba la industria cárnica de la capital danesa.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/14/internacional/1247555594.html

“Los casos de esta suerte de mutación se repitieron en toda la ciudad. Un médico llegó a su casa y encontró a su esposa durmiendo frente al televisor. La increpó por ello y fue a darse un baño. Cuando volvió al salón no encontró a su esposa, sino a una cerda que vestía el mismo sueter, los mismos pantalones y llevaba los mismos pendientes en las orejas. El médico se abrazó al animal y no se soltó hasta que la policía le convenció de que lo mejor era llevársela para tratar de averiguar los porqués de tan sorprendente mutación.

A la semana de ocurrir estos dos hechos todo el país hablaba de las transformaciones. No pasaba día alguno sin que los noticiarios dieran cuenta de nuevos casos. Todos ellos presentaban una sintomatología parecida: los hombres descubrían a sus mujeres o amigas convertidas en cerdas, en cerdas que llevaban las mismas ropas que ellas. La capacidad de los laboratorios veterinarios de la policía se colapsó y las autoridades aconsejaron a los propietarios de las cerdas que cuidaran de éstas en casa, siguiendo para ello una serie de consejos sobre higiene y alimentación.

El riguroso pragmatismo de algunos hombres provocó que el Parlamento y el Congreso ordenaran castigar ciertos comportamientos aberrantes que los propietarios tenían con sus cerdas. La homosexualidad dejó de ser un tabú y los contactos entre hombres se volvieron el pan nuestro de cada día. El sacrificio de las cerdas para obtener alimento o el disponerlas para que engendraran lechoncitos fue castigado con dureza. Los propietarios apelaban a su derecho a la propiedad y a la subsistencia. Las autoridades, por su parte, aleccionaban a los ciudadanos al respeto por sus cerdas, al menos hasta que se supiera con certeza que no se trataba de sus mujeres transformadas.”

La gripe del cerdo, Anieska Gombrizc

2 responses so far

  1. Conozco gente que trata mejor (y quiere más) a su perro que a su pareja. La pregunta que siempre me hago es porqué continúan aguantándose (no el perro, que tiene pocas alternativas).
    Muy interesante la trabazón de los tres textos, da qué pensar.

  2. Jajaja, qué bueno lo de las alternativas del perro. Por cierto, Nadna, mándame una dirección física al correo, quiero enviarte algo.

    Un abrazo.

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