Blog de Raúl Quirós
As a child I visited my older sister in a psychiatric hospital, but I hadn’t been inside one for 30 years. Then, on 1 January this year, at about 11 o’clock in the evening, my wife found me, feet kicking, dangling from an improvised rope – a twisted yellow sheet – about a metre off the ground in our bedroom closet. Our two-year-old daughter was in the bed, sleeping, just a few feet away. Somehow the proximity of a child to the parent’s suicide, as with Sylvia Plath’s little children in that lonely London flat, increases the suicide’s shame. I was at the end of a binge. I was also at the end of three years of secret drinking, of hiding bottles and sneaking away to bars while my wife thought I was living as I had promised her, as a sober man.
Clancy Martin
Cuando era un niño, visité a mi hermana mayor en un hospital psiquiátrico, pero desde hace 30 años no he vuelto a pisar ningún otro. Entonces, el día 1 de Enero de este año, a eso las 11 de la noche, mi mujer me encontró, agitando los pies, colgando de una cuerda improvisada (una sábana amarilla retorcida) a un metro del suelo del armario de nuestro dormitorio. Mi hija de dos años dormía en su habitación, tan solo a unos metros de la nuestra. De alguna manera, la cercanía de un niño al suicido de su progenitor, como la de los hijos pequeños de Sylvia Plath en aquel solitario apartamento de Londres, agranda la vergüenza del suicidio. Me encontraba en los últimos compases de una enorme borrachera. Se trataba también del final de tres años de beber en secreto, de esconder botellas y escurrirme a bares mientras mi mujer pensaba que mi vida era tal y como le prometí, la vida como un hombre abstemio.
Clancy Martin
Hace unos meses, en el New York Times Books Review John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar —y maltratar, incluso— a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá solo resulte interesante por un puñado de especializadísimos científicos.
Raymond Carver
You’re deep in trouble, friend, someone Christ, King of the Jews.
Poncio Pilato
Este es el blog de Raúl Quirós Molina, autor de varios libros de poesía y en proceso de publicación del libro de relatos Un hombre cae de un edificio También mantiene el blog de humor Mugu