Archive for Julio, 2009

In memoriam

Jul 23 2009 Published by raulquiros under teatro

En recuerdo de.

(Antes de que se pongan a pedir aparece el mendigo C. Se coloca en el sitio donde antes estaba A. Es fundamental que el mendigo C no sea un carácter cómico de rasgos facilones, como por ejemplo, que tenga acento extranjero o se mueva de una forma particular. A y B le miran anonadados).

C – Una monedita… Caballero… Que guapa que es usted… Mucha felicidad para usted y su familia.

(A y B se miran entre ellos).

B – Éramos pocos y parió la abuela.

(C les ignora y sigue pidiendo).

A – ¿Eh?
B – ¡Chstt, tú!

(C les ignora).

A y B – ¡Eh!
C – (Se gira muy parsimoniosamente hacia ellos). ¿Ocurre algo?

(A y B se ríen con malicia ante la inocencia de C).

A – Y tú… ¿Tú quien te crees que eres?
C – Yo me llamo Iván. Estoy pidiendo.
B – Seguro que te llamas Iván.
C – Seguro.
A – No tienes cara de llamarte Iván.
C – Ya, mucha gente me lo dice.
B – Tienes cara de llamarte… ¡Macumba!

(A y B se tronchan de risa. C, impasible, continúa a lo suyo)

A – ¡Eh!
B – ¡Eh!
A – ¡Macumba!
B – ¡Rey León!

(C se levanta, se acerca muy tranquilo, pero amenazadoramente hacia los otros dos, que ahora dudan).

C – ¿Algún problema, caballeros?
B – No ninguno… Salvo que estás en mi sitio.
C – ¿Ah? ¿Ese es tu sitio?
B – Sí, ese mismo.
C – Que despistado soy.
A – Sí, Macumba, qué despiste.
C – Es que pensé que como estabais los dos ahí tan juntitos, no querríais que os molestase. (Vuelve a su sitio, A y B se separan, incómodos). Gracias señora… Gracias, caballero…

A – ¡Es increíble el negro este! ¡Nos quita el trabajo!
B – ¡Oye tú! ¡Sí, tú! ¡Fuera de aquí!
C – ¿Y por qué tengo que irme?

(A y B se tronchan. Les parece ilógico que un tipo negro les arrebate el puesto)

A – Porque te tienes que ir… ¿No te parece?
B – Sí, aquí no pintas nada… Además somos muchos.
C – Muy bien (No se mueve).
A – ¿Estás sordo? Que te vayas.
C – No.

(B se levanta para forzarle, pero C se le anticipa. Tiene más seguridad en sí mismo).

B – (Se dirige a A). Va venga, échale.
A – ¿Yo? ¿Por qué yo?
B – Porque tú estabas aquí antes.
A – ¡Ah, no! Somos socios, ¿recuerdas? Para lo bueno y para lo malo.
B – Yo no me atrevo… Me da miedo el cabrón. ¿Has visto como nos ha mirado?
A – Y encima nos está quitando toda la limosna.
B – ¿Y si le decimos que se nos una?
A – Esa es tu solución para todo. ¿Y este de que hará, de adoptado?
B – Yo me voy a mear.
A – Eso déjame con el marrón a mí solo.

(B desaparece en la Iglesia. A mira a C unos momentos, que sigue a su aire. Luego comprueba que B se ha dejado el pañuelo con el que pedía antes. Duda un instante y finalmente coge las monedas y se las guarda. Observa a C hasta que llega B)

B – ¿Todavía sigues aquí? Te estás buscando problemas, chaval. (Se percata de que le ha desaparecido el dinero.) ¿Eh? Qué coño ha pasado aquí, ¿donde está mi dinero? (A C). Qué espabilado eres tú, ¿no? Hale, venga, dame mi dinero.

(C le ignora)

B – Macumba, no me toques los cojones.
C – Yo no he cogido tu dinero.
B – No me vengas con historias. La guita, jefe.
C – Pregúntale a tu compañero.
B – Mi compañero es mi socio, y aquí el nuevo eres tú. Así que venga, no tengo ganas de discutir.
C – (A A) Dale el dinero.

(A hace gestos como que él no ha sido)

B – Mi dinero, tío.

(C se levanta. Se acerca a A, le coge del pescuezo).

A – ¡Eh! ¡Eh! ¿Qué haces?
C – Dale el dinero.
A – ¡Qué dinero! Estás loco.

(C le agita hasta que se le caen todas las monedas)

B – ¡Cacho cabrón! ¡Tú no tenías tanto dinero!
A – Era para que no te lo robara el negro este.

Tres mendigos, RQM

(De pronto, suena un ruido de atmósfera -no sé cómo describir el ruido de la atmósfera, pero vamos ya me entendéis, como el sonido gutural que sale en varios discos de Pink Floyd-, y aparece EL OSCURO en escena, que será iluminado por un foco que le seguirá por dondequiera que vaya. Un poco de niebla estaría bien, pero vamos no es imprescindible, sobre todo si la producción es tacaña. Sobra decir que EL OSCURO tiene que ser un actor negro. Aunque suene racista, y no me voy a poner a dirimir sobre cuestiones absurdas de corrección política en una acotación. No blanco, ni mulato, tiene que ser netamente negro, con el pelo corto y rizado, gafas, llevar un cetro y una corona y una cazadora de alguna universidad. Todas las líneas de EL OSCURO están sacados de fragmentos de libros de Nietzsche, que aviso para evitar la inmundicia de la intertextualidad)

J2 – ¡El Oscuro! (se arrodilla rindiendo pleitesía) ¡Oscuro! ¿Puedo llamarte Oscuro?
EL OSCURO – Vuestro honor no lo constituirá vuestro origen sino vuestro fin
J2 – Oscuro, he venido desde el más allá, quiero decir desde el más allá de este escenario, he reñido con mis camaradas, he depurado mi ideología, me batí con tus dos guardianes, engañé al público, acabé con mi carrera profesional como actor sólo para poder hablarte.
O – Humano, demasiado humano.
J2 – Y ahora quiero que me ilumines. ¿Qué camino debo seguir para hacer la revolución?
O – El hombre es algo que debe ser superado, el hombre es un puente y no un fin.
J2 – (llorando de alegría, arrastrándose hasta sus pies)¡Gracias! ¡Gracias! ¡El Oscuro! ¡El Oscuro!
O – Los hombres no son iguales. Así lo dice la justicia; y ellos no pueden tener lo que yo quiero.
J2 – (se levanta) ¿Quiere eso decir que para hacer la revolución… que incluso después de la revolución, aún existirán las desigualdades sociales?
O – Te castigan por tus virtudes. Sólo perdonan sinceramente tus errores.
J2 – Ehrrr… ¿Y a qué errores nos enfrentamos?
O – ¿Tenéis valor? No el valor ante los testigos, sino el valor de los solitarios, el valor de las águilas que no tienen ningún dios espectador.
J2 – Sí, sí, valor tengo, pero volvamos a lo de los errores.
O – El que sabe que es profundo se esfuerza por ser claro; el que quiere parecer profundo se esfuerza por ser oscuro.
J2 – ¡Sí! Oscuro como tú, ¡claro!, digo, ¡oscuro! Bueno, sin quererte ofender, claro, digo oscuro.
O – (empieza a recitar mecánicamente) El hombre libre es inmoral, porque en todas las cosas quiere depender de sí mismo y no de un uso establecido.
J2 – Bueno pero, ¿qué pasa con la revolución?
O – Para vivir hay que ser un animal o un dios -dice Aristóteles-. Falta el tercer caso: hay que ser lo uno y lo otro; esto es, un “filósofo”.
J2 – Que sí, que vivir que si tal y que si pascual, pero ¿por dónde empiezo? ¿No tendrás un manual, un Revolución Para Tontos? ¿Qué debemos ser: marxista-leninistas, socialdemócratas…?
O – Esto es para desesperar: la historia nos enseña que ninguno de los grandes hombres ha triunfado sin un gran orgullo y una buena dosis de injusticia.
J2 – Oscuro, lo que dices es muy oscuro. ¿Lo puedes explicar mejor?
O – ¿Qué haremos para estimularnos cuando estemos fatigados y cansados de nosotros mismos? Unos recomiendan la mesa de juegos, otros el cristianismo, otros la electricidad. (J2 se retira extrañado) Pero lo mejor, mi querido melancólico, es “dormir mucho”, en el sentido propio y figurado. Así terminaremos por tener de nuevo nuestra mañana. Un alarde en la sabiduría de la vida es saber intercalar a tiempo el sueño bajo todas sus formas.
J2 – ¿Oscuro?

Epitimia, LDL y RQM

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Más cosas.

Jul 20 2009 Published by raulquiros under poesía, traduccion

Me encanta la revista de poesía de About.com. Aun no siendo una revista puramente literaria trata temas cuanto menos divertidos e interesantes acerca de las cotidianidades con las que combate el escritor (en este caso de poemas) que otras revistas pasan por alto.
En un mundo literario lleno de becarios, articulistas a sueldo, conferenciantes, presentadores de libros y ganadores a tiempo completo de premios literarios, a veces reconforta saber que hay vida (o trabajo) más allá del artista sustentado de alguna manera u otra por las distintas administraciones públicas o la propia industria literaria (vid. Blanqueo de dinero de las Concejalías de Cultura).
Uno de los discursos más motivadores y también ácidos al que he atendido fue el que regaló Agustín García Calvo en Cosmopoética 2009, en Córdoba. En su presentación, el profesor vino a advertir no sólo a los chavales a los que recitó algunos de sus poemas, sino también a toda la organización del evento, que no puede haber poesía donde ésta esté subvencionada de alguna manera u otra por el Poder. Y si, finalmente llega tal subvención (en el caso del propio García Calvo, hasta tres veces: el Nacional, en sus modalidades de Dramatugia, Traducción y Ensayo) no pensar que eso quiere decir algo. Samuel Beckett, cuando fue preguntado por sus impresiones tras ser premiado con el Nobel en 1969 dijo: “Es una catástrofe”. Luego, según se rumorea, cedió el dinero del premio a artistas necesitados. En todo caso, en este asunto es mejor atenerse al principio de que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda.

En todo caso, el artículo que incluyo más abajo habla de los distintos trabajos que desempeñaron y desempeñan poetas norteamericanos. Incluyo las traducciones hechas por Google, así que no disparéis contra mí.

El empleo de los poetas. ¿Cómo ganarse el sustento?

La historia de Ted Kooser en la que se cuenta que:

There are two kinds of poets: The poet who wears a beret and flirts with girls in the coffeehouse, and the poet at home who does the hard work of writing….”

Hay dos tipos de poetas: El que viste una boina y flirtea con chicas en los cafés, y el poeta que permanece en casa y realiza el duro trabajo de escribir.

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Los amigos informáticos

Jul 19 2009 Published by raulquiros under reflexiones

After graduation, Vollmann worked odd jobs, including as a secretary at an insurance company, and saved up enough money to go to Afghanistan in 1982. His experiences traveling with the mujahideen formed the basis of his first non-fiction book An Afghanistan Picture Show, or, How I Saved the World which was published in 1987. Upon his return to the USA he briefly attended the University of California, Berkeley as a graduate student but dropped out after one year. He then worked as a computer programmer, despite having virtually no experience with computers. According to a New York Times Magazine profile by novelist Madison Smartt Bell, he spent the better part of a year there writing his first novel, You Bright and Risen Angels, after hours on office computers, subsisting on candy bars from vending machines and hiding from the janitorial staff.
http://en.wikipedia.org/wiki/William_T._Vollmann

In the early 1960s, Coetzee relocated to London, where he worked for a time at IBM as a computer programmer.
http://en.wikipedia.org/wiki/J._M._Coetzee

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Dos metáforas desafortunadas

Jul 14 2009 Published by raulquiros under poesía

“Escribir poesía es como para el ama de casa hacer la comida todos los días, si no se lo toma con humor, se acaba suicidando.” (Carlos Pardo, http://terranoticias.terra.es/articulo/html/av2273825.htm)

Desde la ampliación de la UE al Este, sin embargo, la situación ha empeorado. Rumanas, búlgaras, checas e incluso nigerianas toman cada noche posiciones en torno a la ciudad de la carne, así llamada porque allí se concentraba la industria cárnica de la capital danesa.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/14/internacional/1247555594.html

“Los casos de esta suerte de mutación se repitieron en toda la ciudad. Un médico llegó a su casa y encontró a su esposa durmiendo frente al televisor. La increpó por ello y fue a darse un baño. Cuando volvió al salón no encontró a su esposa, sino a una cerda que vestía el mismo sueter, los mismos pantalones y llevaba los mismos pendientes en las orejas. El médico se abrazó al animal y no se soltó hasta que la policía le convenció de que lo mejor era llevársela para tratar de averiguar los porqués de tan sorprendente mutación.

A la semana de ocurrir estos dos hechos todo el país hablaba de las transformaciones. No pasaba día alguno sin que los noticiarios dieran cuenta de nuevos casos. Todos ellos presentaban una sintomatología parecida: los hombres descubrían a sus mujeres o amigas convertidas en cerdas, en cerdas que llevaban las mismas ropas que ellas. La capacidad de los laboratorios veterinarios de la policía se colapsó y las autoridades aconsejaron a los propietarios de las cerdas que cuidaran de éstas en casa, siguiendo para ello una serie de consejos sobre higiene y alimentación.

El riguroso pragmatismo de algunos hombres provocó que el Parlamento y el Congreso ordenaran castigar ciertos comportamientos aberrantes que los propietarios tenían con sus cerdas. La homosexualidad dejó de ser un tabú y los contactos entre hombres se volvieron el pan nuestro de cada día. El sacrificio de las cerdas para obtener alimento o el disponerlas para que engendraran lechoncitos fue castigado con dureza. Los propietarios apelaban a su derecho a la propiedad y a la subsistencia. Las autoridades, por su parte, aleccionaban a los ciudadanos al respeto por sus cerdas, al menos hasta que se supiera con certeza que no se trataba de sus mujeres transformadas.”

La gripe del cerdo, Anieska Gombrizc

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Ubermensch

Jul 09 2009 Published by raulquiros under teatro

HOMBRE – Ya que usted juega a adivinar cómo es mi vida, déjeme que haga yo lo mismo: tuvo un novio, se fue a vivir con él, luego se dio cuenta de que la engañaba y ahora bascula sus neurosis entre una promiscuidad intermitente y el vano sueño de encontrar algún día un príncipe azul sobre el que apagar las brasas de su dolor. O también puede que un hermano al que cuidara desde pequeñito se haya quedado con la herencia que le dejó su padre y haya desaparecido dejándola a usted en la ruina. Tal vez no sea nada de eso, y quizá es que en su día tuvo problemas de anorexia, o abusaron de usted, o estuvo enganchada a alguna droga, o todo eso junto.
MUJER – ¡Eso son tonterías!
HOMBRE – ¿Ofende verdad? Pero ahora viene lo mejor, señorita: No es usted tan importante en este mundo. Usted no es nada. Hay miles de personas como usted, no que se le parezcan remotamente, sino EXACTAMENTE como usted, con sus mismos problemas prosaicos, sus despechos infantiles, sus deseos imposibles y sus esperanzas estúpidas. ¿Por qué no crecen de una vez? ¿Por qué reclaman a la gente todo el tiempo, como si el mundo les debiera algo por esa “tragedia” que sufrieron, cuándo les redimiremos los demás de una vez? ¿Cuándo considerarán que el mundo les ha devuelto los que les debe? Nunca. Algún día, quizá hoy o quizá el último día de sus vidas se darán cuenta de que ustedes no son nada, que nunca lo fueron y que esa es la mayor grandeza de la vida. Y lamentarán no haberlo sabido hasta ese entonces. Pero entre tanto le habrán amargado la existencia a todas las personas que les quisieron en algún momento.

Almudena Martínez, Dos tipos en un café

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Para acabar de una vez por todas con este país

Jul 07 2009 Published by raulquiros under relatos

Al contrario de lo que suele decir la gente de nuestro país, mi padre solía decir que en absoluto somos una raza cainita, sino más bien todo lo contrario: hijos de Abel. El porqué de esta afirmación era de una perentoriedad que acaso no he sentido al leer o escuchar los tragicómicos relatos de ex-combatientes, periodistas de trincheras en primera y segunda línea de fuego: se peca en nuestro país de una excesiva mansedumbre cuando se trata de aclarar un malentendido. Todos hemos conocido, si no en nuestra familia, en nuestro barrio, a ciertos personajes que la infrecuencia no disimula; alguien que se nos hace por todos los medios posibles detestable hasta la náusea y a los que sin embargo, jamás amedrentaremos: la señora que se cuela con ademanes de condesa o marquesa en la línea de racionamiento, los niños desaforados que insisten en machacarle las espinillas con la displicente atención de sus creadores; personas o situaciones ante las que, a pesar de lo ingratas que nos resultan, no levantamos tan siquiera una ceja, pues ya sabemos de antemano que cualquier queja o protesta conllevará no sólo la amarga réplica del caradura, que se justificará con algún argumento peregrino en el cual él siempre ha llevado las de perder, y que para una vez que se despista y la vida le ofrece una leve ventaja, siempre ha de llegar algún meapilas a poner todo de vuelta en su sitio, sino, además el escarnio de verse expuesto a ese juego que el desvergonzado ha puesto en práctica.
Por eso, creo yo, mi padre decía que somos de la estirpe de Abel: uno agacha la cabeza ante gente así y no la levanta hasta que el inmoral y la incómoda situación que ha creado se esfuman.
Ahora bien – reflexiono en voz alta -, que para que globalmente pueda afirmar que sí, que somos un país de abelistas, también es justo mencionar que una parte de esa resignación con la que pasamos la existencia ha de tener su cucharadita de “caradura”, a partes iguales, nuestro natural perezoso y un racimo de envidia hacen el potpourrí perfecto de nuestra cultura.

Luis Gamones, La última novela sobre la Guerra Civil de otro país

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Six months on the rocks

Jul 03 2009 Published by raulquiros under reflexiones, traduccion

As a child I visited my older sister in a psychiatric hospital, but I hadn’t been inside one for 30 years. Then, on 1 January this year, at about 11 o’clock in the evening, my wife found me, feet kicking, dangling from an improvised rope – a twisted yellow sheet – about a metre off the ground in our bedroom closet. Our two-year-old daughter was in the bed, sleeping, just a few feet away. Somehow the proximity of a child to the parent’s suicide, as with Sylvia Plath’s little children in that lonely London flat, increases the suicide’s shame. I was at the end of a binge. I was also at the end of three years of secret drinking, of hiding bottles and sneaking away to bars while my wife thought I was living as I had promised her, as a sober man.
Clancy Martin

Cuando era un niño, visité a mi hermana mayor en un hospital psiquiátrico, pero desde hace 30 años no he vuelto a pisar ningún otro. Entonces, el día 1 de Enero de este año, a eso las 11 de la noche, mi mujer me encontró, agitando los pies, colgando de una cuerda improvisada (una sábana amarilla retorcida) a un metro del suelo del armario de nuestro dormitorio. Mi hija de dos años dormía en su habitación, tan solo a unos metros de la nuestra. De alguna manera, la cercanía de un niño al suicido de su progenitor, como la de los hijos pequeños de Sylvia Plath en aquel solitario apartamento de Londres, agranda la vergüenza del suicidio. Me encontraba en los últimos compases de una enorme borrachera. Se trataba también del final de tres años de beber en secreto, de esconder botellas y escurrirme a bares mientras mi mujer pensaba que mi vida era tal y como le prometí, la vida como un hombre abstemio.
Clancy Martin

Hace unos meses, en el New York Times Books Review John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar —y maltratar, incluso— a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá solo resulte interesante por un puñado de especializadísimos científicos.
Raymond Carver

You’re deep in trouble, friend, someone Christ, King of the Jews.
Poncio Pilato

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Esto no son unas castañuelas

Jul 01 2009 Published by raulquiros under reflexiones

El más inteligente de los españoles -cuyo nombre, por desventura, no he sabido nunca-, autor de un “Arte de tocar las castañuelas”, empezaba el prólogo de su tratado con esta declaración absolutamente ejemplar y memorable: “No hace ninguna falta tocar las castañuelas, pero en caso de tocarlas, más vale tocarlas bien que tocarlas mal”. Si esto dijo aquel hombre, acertando a iluminar a la vez la ética y la estética con un mismo y único resplandor de luz, refiriéndose a la declaradamente inútil dedicación de tocar las castañuelas, bien cabe aplicar lo mismo a otras dedicaciones que, en cambio, tienden a ser consideradas, en principio, necesarias, como las obras de misericordia.
Rafael Sánchez Ferlosio

Señoras y señores, aunque parezca difícil de defender, este objeto que cuelga delante de mí, formado por dos valvas de tono negruzco, de material plástico y atado por medio de una cuerdecilla no son unas castañuelas. Sí, sé que es complicado alterar de tal manera nuestra cosmovisión con respecto a la Realidad (tan mutante hoy, tan mutable) y que, a pesar de todo, puedan ver a través de mis palabras que lo que hoy pende de mí no son unas castañuelas, sino lo que yo les diga. ¿Y cómo me arrogo yo tal derecho, qué clase de personalidad megalómana es la que invade mi discurso? Pues bien, si estas castañuelas no estuvieran aquí, a la vista de todos ustedes y estuvieran, qué se yo, en otra parte donde no tuviéramos contacto físico ninguno (ni siquiera a través de complejas máquinas que ahondaran en un túnel de gusano que nos duplicara, cuales gatos de Schroëndinger (del que pueden ver una lúcida exposición en el tomo “What is Life? & Mind and Matter Cambridge University Press (1974) ISBN 052109397X”) aquí, donde estamos presenciando estas castañuelas, que en la hipotética situación no estarían aquí, sino en el allí, tomado ese allí como cualquier no-aquí, es decir la ausencia de presencia; y allí, por lo que acabo de citar, etcétera), es decir que su contingencia no nos fuese inmediata, que nuestra particularidad óntica no confluyera en tanto que entes con el ser del ente de estas castañuelas, entonces, sólo entonces, ¿cómo podríamos acceder sino a través de un medium (entendido en su significación latina, medio, entre, y no como mero parangón de espíritus, cuestión que ya abordaré más adelante). Nuestro acceso a las castañuelas sería, muy probablemente a través de la techné, o al menos del resultado de la techné, puesto que si de techné hablamos podría decirse que el aire que invade esta sala es también producto de la labor humana, por cuanto proviene de unos dispositivos de acondicionamiento instalados por el edificio.

Castañuelas

Castañuelas

ANYWAY, la techné será identificada directamente con la tecnología en su concepción más rudimentaria y prosaica: televisor, vídeo, radio, etcétera. Por lo tanto, podría instalar aquí un televisor y mostrar las castañuelas y decir: ecce castañuelas.
Y sin embargo, ¿qué pasaría si la propia dúnamis de este producto de la techné incluyese la modificación si no la creación de la realidad “castañuelas”? Podría alargar la imagen, hacerla oblicua o aproximarla o simplemente incluir un parlamento en off de tal manera que el narrador afirmara que lo que allí se muestran son unas castañuelas. Y puesto que la televisión, radio, internet, la bomba atómica, etcétera no son sólo obras humanas como las castañuelas, sino que hoy por hoy, están integradas en nuestra Weltanschauung, es decir nuestra epistemología como sociedad, como mundo, como Welt, ¿por qué íbamos a descreer ese mundo, no diré falsificado, sino hiperrealizado que es tan nuestro, que es tan nosotros, como las castañuelas? ¿No somos acaso seres tecnológicos? ¿No son nuestras propias creaciones indispensables para la superviviencia social, diría a veces que casi biológica (y digo esto pensando en los innumberables avances tecnológicos de las ciencias de la salud que han alargado nuestro paso tempóreo, efímero, por la Tierra)?
Por eso, porque yo soy yo y mi circunstancia y mi circunstancia es que algo de ese televisor cuántico y yo somos las misma cosa, al menos parcialmente, tal televisor puede mostrar la realidad por su propia dúnamis, la dúnamis de mi ser-para-la-muerte es la misma. Y si la televisión está mintiendo, nos hace mentir a nosotros: pero, a la manera de Debord, en su ya clásico “Sociedad del Espectáculo” brillantemente traducido en el Archivo Situacionista Hispano, “En un mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso”, así que puede aceptarse que lo que antes podría considerarse como imitación hoy es originario, y lo que antes era originario (y pienso en el Dasein heideggeriano como unidad irreductible de la conciencia moderna, hoy fluctuante cual río de mercurio, así que no tan Dasein sino ser-para-el-fluir) lo verdadero es lo que lo falso dicte que es lo verdadero, siempre y cuando ese falso tenga la contundencia.
Así pues, yo, como digo que estas castañuelas no son unas castañuelas. ¿Y qué son entonces? Ahí es donde tenemos que tener la precaución ética de no fascistizar la realidad. Por eso digo, estas castañuelas son lo que ustedes quieren que sea. Pero no unas castañuelas. O sí.
Muchas gracias.

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