Blog de Raúl Quirós
In: reflexiones
18 may 2009Un leñador acudió al sabio del pueblo. “Cuando terminé de talar el último árbol, se levantó ante mí un magnífico desierto y aunque sé que debo cruzarlo de noche para alcanzar el bosque más allá de las dunas y continuar talando leña para la gente del pueblo, siento un miedo terrible y no puedo mover un músculo para curarlo. Con estos brazos lo único que no puedo talar es la oscuridad.”
“No te preocupes”, respondió el sabio, “yo te esperaré cada noche en el bosque que acabas de talar , te seguiré y haré de guía para que no te sientas solo y puedas cruzar el desierto hasta el otro lado. Pero no debes girarte para comprobar si te sigo, debes confiar en mí”.
Cuando cayó la noche, el leñador se adentró entre los árboles y vio en un claro un reflejo que iluminaba un pasillo hacia el desierto. También vislumbró la figura del sabio encogida entre los matorrales. Pasó a su lado y siguió por el camino que la luz le marcaba. Así pudo cruzar el desierto y llegar hasta los árboles al otro lado, y el pueblo tuvo madera el resto del año.
El leñador se acercó varios días después hasta la casa del sabio y le quiso dar las gracias por ayudarle cada noche a cruzar el desierto. El sabio, avergonzado, le respondió.
- No me des las gracias. Cada noche iba hasta el claro y me tendía entre los matorrales, pero una vez allí, de tan cansado que estaba, me quedaba dormido.
El leñador comprendió entonces que el sabio era verdaderamente sabio y le dio las gracias por haberle enseñado qué era la luna.
Ahm Medina, Cuentos nocturnos
Se murió Benedetti, como se murió Idea Vilariño, o Eugenio Montejo, o Blanca Varela, despacito, sin prisas, cayendo de la vida como un aceite rancio, hombres, mujeres, cadáveres humanos más de desechar que estiércol, se murieron unos señores que firmaban, porque los libros “hay que” firmarlos, para que luego “haigan” estos festines necrológicos en los periódicos, en los blogs, se murió quien pagaba impuestos, iba a trabajar, se despertaba tosiendo en mitad de la noche, comprendió algunas mentiras, contó ciertas verdades y que ya no están aquí para ver los fastos ni las ceremonias del adiós que le esperaban.
Y Benedetti lo dejó bien impreso, imprescindible en los “Poemas de la oficina”, a quienes tanto debo:
DESPUÉS, de Mario Benedetti
El cielo de veras que no es éste de ahora
el cielo de cuando me jubile
durará todo el día
todo el día caerá
como lluvia de sol sobre mi calva.Yo estaré un poco sordo para escuchar los árboles
pero de todos modos recordaré que existen
tal vez un poco viejo para andar en la arena
pero el mar todavía me pondrá melancólico
estaré sin memoria y sin dinero
con el tiempo en mis brazos como un recién nacido
y llorará conmigo y lloraré con él
estaré solitario como una ostra
pero podré hablar de mis fieles amigos
que como siempre contarán desde Europa
sus cada vez más tímidos contrabandos y becas.Claro estaré en la orilla del mundo contemplando
desfiles para niños y pensionistas
aviones
eclipses
y regatas
y me pondré sombrero para mirar la luna
nadie pedirá informes ni balances ni cifras
y sólo tendré horario para morirme
pero el cielo de veras que no es éste de ahora
ese cielo de cuando me jubile
habrá llegado demasiado tarde.
Epitafio
Aquí descansa lo que fue de este hombre.
Nació y vivió y murió en esta ciudad.
Reunió un atardecer todas sus cosas
en un bolsillo roto
y se dejó llevar por la memoria.
Ya no dejan sus manos su aliento
sobre la mesa. Manos, ya no os quiere.
Sus días fueron copias.
(El mundo es una Xérox
que imprime fotocopias).
Sus días fueron copias
tan perfectas que no mancharon
nunca de hombre sus manos.
Este es el blog de Raúl Quirós Molina, autor de varios libros de poesía y en proceso de publicación del libro de relatos Un hombre cae de un edificio También mantiene el blog de humor Mugu
1 Response to La luna
Chiki
mayo 20th, 2009 at 14:22
“Cuando me entierren, por favor, no se olviden de mi bolígrafo.”