Una lección en imágenes
DVD Editores acaba de publicar “Sustituir estar” de Julián Cañizares Mata.
Trato de estar más allá de las novedades literarias, especialmente en poesía, y mi natural desconfianza es un prejuicio que trato por todos los medios de erradicar. Leer es la actitud más noble.
A veces pienso que soy yo, que no consigo abrirme lo suficiente a las nuevas (o viejas) propuestas, hay popes de la poesía española que se me caen de las manos incluso después de su trayectoria corroborada por premios y homenajes: soy, entonces (concluyo), un mal lector o, al menos, un lector innoble.
El poema que transcribo abajo fue el que me urgió a buscar este libro que, afortunadamente, tenían en Bertrand.
En él se consumen, como en un papel de fumar prendido, todo lo que a mi entender hace un poema. Una imagen que se va construyendo o, más bien tejiendo, a lo largo de los versos y que alcanza su plenitud cuando el padre dice que ese pato que señala es el pato y la muerte. El recorrido que traza hasta llegar a esta explosión está moteado de otras imágenes y formas sencillas, mutatis mutandi, se va dibujando una compleja maraña de significaciones donde acuden elementos de dura raíz, como la imaginación infantil, el padre, la muerte. Lo mágico de los versos que siguen a continuación es que ese pato, esos patos, no están: se sustituyen, son permutables. Ese pato es el pato y la muerte.
PATOS
Una vez mi padre me llevó al parque a ver a los patos.
Los patos tomaban el sol en un balsa llena de agua.
Mi padre me los iba señalando uno a uno, por tamaños.
Había algunos en el agua, y otros en la tierra.
Cuando se es niño los patos tienen mucha importancia,
son como hermanos que sólo quieren que estés contento.
Entonces el dedo de mi padre llegó a un pato muy quieto,
y mi padre se quedó callado lo que puede callar un padre.
El pato estaba en una posición muy extraña en la vida,
dulcemente. Mi padre me dijo que era el pato y la muerte.
Y mi padre me dijo: no te preocupes, lo sustituirán,
y mañana volveremos y habrá otro pato nadando.
Pero yo estuve llorando toda la vida en otro mundo.
La propuesta, sin apostar por la novedad estrambótica, es fatal. Así reza la contraportada. Esto es una recomendación a la hondura de la que es capaz este libro.
Todo comienza cuando, sentados en una terraza, somos conscientes del momento. La gente que pasa y continúa su camino. La persona que sustituye a la otra persona en la misma mesa. Respirar por si acaso, conjugar un verbo que englobe al mismo tiempo el pasado, el presente y el futuro, que englobe al mismo tiempo la mesa donde estás sentado, la gente que pasa, el aire que circula sustituyendo al otro aire. Un algo por otro algo, o un alguien por otro alguien. Los días, las mesas, las filas. Nada sobra y nada falta. Conjugar dentro y fuera de la respiración. Así comienza cualquier cosa que esté en esa terraza cualquiera. Y sólo un verbo: sustituir estar.
