Archive for Mayo, 2009

Pájaros

May 28 2009 Published by raulquiros under reflexiones

Pájaro

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Un encuentro fatal

May 26 2009 Published by raulquiros under reflexiones

“Eres una falsa”, “Qué vergüenza”, “No tienes dignidad” rezaba el subtítulo del vídeo. La niña, entre tanto, lloraba en el destartalado cuarto de invitados, aún a medio pintar y con los rodapiés levantados. Rebobinó el vídeo una vez más y trató de memorizar cada una de las palabras que le dedicaban: “Tú también tendrías que ir a la cárcel”, “Te mereces lo que te está pasando”. El teléfono llevaba sonando desde la noche anterior, pero ya no se atrevía a cogerlo: las quince últimas llamadas eran de anónimos que la insultaban y acto seguido colgaban. Se preguntaba cómo demonios habría conseguido esa gente su teléfono, sin embargo, no podía desconectarlo por si acaso llamaba la madre de Raimundo o el abogado. Desde que apareció por segunda vez en la televisión, el mundo se le había venido encima. Su nombre había sido incluso pronunciado por distintas parlamentarias en las últimas sesiones del Congreso. Ella, que ni siquiera había ido a votar tan siquiera una sola vez, era la comidilla en los pasillos del hemiciclo. El abogado le había dicho que no se preocupase, que las amenazas nunca llegarían a nada y que con el tiempo, los periodistas desaparecerían y la dejarían hacer su vida. Entre tanto, la advirtió, era conveniente que siguiera acudiendo a los programas del corazón para dar su versión de los hechos. La semana pasada, justo después de salir del plató había acudido de urgencias al hospital por una crisis nerviosa. Mucha gente en la sala de espera la reconoció, pero no dijeron nada. Por fortuna, su suegra estaba en casa para hacerse cargo de la niña, así que no tuvo que preocuparse por ella. El doctor la examinó y le recetó pastillas para dormir aunque la invitó a hacer algunos cambios en su vida.
Arturo Cortés, Encuentro fatal

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Una pequeña perla

May 24 2009 Published by raulquiros under poesía

I

Los dulces funcionarios juguetean con las palabras
como si fuesen hormiguitas
con paciencia
con tesón
con lírica
modulan su voz
ovalan los labios
y dicen “oh”
y quedan admirados
aplauden y rien con muecas de hiena
“denegar” dicen luego
y todos se miran complacidos
como quien observa trucos de magia
muchos de ellos
ignoran los significados
pero se extasían ante los moldes fonéticos
en que se insertan
sus sombras les miran
y les reprueban paternalmente
pero ellos siguen jugando
félices
al juego de la pronunciación
hasta que se acaba su recreo
y vuelven pataleando a su puesto
y lloran inconsolables
mientras clasifican y ordenan
sentencias de pena de muerte

II

Los dulces funcionarios navegan cada día
un oceano de papeles
de pausas para fumar
de turnos de ventanilla
de cafés con leche y porras
como el cadáver que ve crecer
una miriada de gusanos
que van devorando su carne
y sus organos
y sus músculos
y sus calcetines
y sus tendones
y todas aquellas cosas que le hacían humano
sublimándole
ascendiéndole
tornándole ángel
o demonio
o espíritu
o esqueleto
y él rie y les aplaude
y los ve crecer y multiplicarse
y ve que eso es bueno

III

Los dulces funcionarios dormitan felices
al caer la tarde
tras de las compras necesarias
y algún que otro caprichito
que sin duda se merecen
se desperezan mientras abren el periódico
y leen sobre bombas nucleares
duelos a pistola al amanecer
o brotes democráticos espontáneos
meriendan té y mortadela
y repasan la suciedad de sus uñas
acumulada tras infinitas jornadas laborales
negra
oscura
escura
obscura
como la noche que se avecina
y que no presienten
en su dulce dormitar vital
del que a veces
alguno
en algún sitio
ya nunca más se despierta

Fánegas de los Pinos

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Eso es muy duro

May 19 2009 Published by raulquiros under poesía

Bowl of lilacs

My lilacs died today, floating in a bowl.
All week I watched them pushing away,
their pruned heads swollen together into something
like anger, making a brief comeback
toward the end, as if secretly embalmed.
Just before your death, I cut your hair;
so when you were laid out you looked like yourself.
Then some men screwed planks over your coffin.
I held a towel to my face. Once, in a light-bathed kitchen,
naked and blissfully myself, I scrambled us eggs
and felt the act of lookint and perceiving
was no longer something undestood
from the exterior. It was pure being:
saturated and raw as a bowl of lilacs.

Bol de lilas
Mis lilas murieron hoy, flotan en un bol.
Toda la semana observé cómo iban desfalleciendo;
sus cálices cortados se recobraron llenos de algo
parecido a la ira, presentando una ligera mejoría
hacia el final, como secretamente embalsamados.
Justo antes de tu muerte te corté el pelo,
así, una vez amortajado, parecías tú mismo.
Luego unos hombres atornillaron la tapa de tu féretro.
Sostenía una toalla en mi cara. Hace tiempo, en una cocina iluminada,
desnudo y exultante, al prepararnos unos huevos revueltos,
sentí que el acto de mirar y percibir
era algo que ya no se entendía
desde el exterior. Aquello era el ser puro:
rebosante y natural como un bol de lilas.

Henri Cole, Blackbird and Wolf
traducido por Eduardo López Truco, para La apariencia de las cosas, Quálea Editorial.

Una de las novedades más ocultas y jugosas del mercado de las traducciones, por Quálea Editorial. Editado de manera exquisita e introducido por el traductor/intérprete quien, según relata en la introducción, contó con la ayuda del propio poeta.

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La luna

May 18 2009 Published by raulquiros under reflexiones

Un leñador acudió al sabio del pueblo. “Cuando terminé de talar el último árbol, se levantó ante mí un magnífico desierto y aunque sé que debo cruzarlo de noche para alcanzar el bosque más allá de las dunas y continuar talando leña para la gente del pueblo, siento un miedo terrible y no puedo mover un músculo para curarlo. Con estos brazos lo único que no puedo talar es la oscuridad.”

“No te preocupes”, respondió el sabio, “yo te esperaré cada noche en el bosque que acabas de talar , te seguiré y haré de guía para que no te sientas solo y puedas cruzar el desierto hasta el otro lado. Pero no debes girarte para comprobar si te sigo, debes confiar en mí”.

Cuando cayó la noche, el leñador se adentró entre los árboles y vio en un claro un reflejo que iluminaba un pasillo hacia el desierto. También vislumbró la figura del sabio encogida entre los matorrales. Pasó a su lado y siguió por el camino que la luz le marcaba. Así pudo cruzar el desierto y llegar hasta los árboles al otro lado, y el pueblo tuvo madera el resto del año.

El leñador se acercó varios días después hasta la casa del sabio y le quiso dar las gracias por ayudarle cada noche a cruzar el desierto. El sabio, avergonzado, le respondió.

- No me des las gracias. Cada noche iba hasta el claro y me tendía entre los matorrales, pero una vez allí, de tan cansado que estaba, me quedaba dormido.

El leñador comprendió entonces que el sabio era verdaderamente sabio y le dio las gracias por haberle enseñado qué era la luna.

Ahm Medina, Cuentos nocturnos

Se murió Benedetti, como se murió Idea Vilariño, o Eugenio Montejo, o Blanca Varela, despacito, sin prisas, cayendo de la vida como un aceite rancio, hombres, mujeres, cadáveres humanos más de desechar que estiércol, se murieron unos señores que firmaban, porque los libros “hay que” firmarlos, para que luego “haigan” estos festines necrológicos en los periódicos, en los blogs, se murió quien pagaba impuestos, iba a trabajar, se despertaba tosiendo en mitad de la noche, comprendió algunas mentiras, contó ciertas verdades y que ya no están aquí para ver los fastos ni las ceremonias del adiós que le esperaban.

Y Benedetti lo dejó bien impreso, imprescindible en los “Poemas de la oficina”, a quienes tanto debo:

DESPUÉS, de Mario Benedetti

El cielo de veras que no es éste de ahora
el cielo de cuando me jubile
durará todo el día
todo el día caerá
como lluvia de sol sobre mi calva.

Yo estaré un poco sordo para escuchar los árboles
pero de todos modos recordaré que existen
tal vez un poco viejo para andar en la arena
pero el mar todavía me pondrá melancólico
estaré sin memoria y sin dinero
con el tiempo en mis brazos como un recién nacido
y llorará conmigo y lloraré con él
estaré solitario como una ostra
pero podré hablar de mis fieles amigos
que como siempre contarán desde Europa
sus cada vez más tímidos contrabandos y becas.

Claro estaré en la orilla del mundo contemplando
desfiles para niños y pensionistas
aviones
eclipses
y regatas
y me pondré sombrero para mirar la luna
nadie pedirá informes ni balances ni cifras
y sólo tendré horario para morirme
pero el cielo de veras que no es éste de ahora
ese cielo de cuando me jubile
habrá llegado demasiado tarde.

Epitafio
Aquí descansa lo que fue de este hombre.
Nació y vivió y murió en esta ciudad.
Reunió un atardecer todas sus cosas
en un bolsillo roto
y se dejó llevar por la memoria.
Ya no dejan sus manos su aliento
sobre la mesa. Manos, ya no os quiere.
Sus días fueron copias.
(El mundo es una Xérox
que imprime fotocopias).
Sus días fueron copias
tan perfectas que no mancharon
nunca de hombre sus manos.

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Dos novelas sin fin.

May 12 2009 Published by raulquiros under relatos

Un día, en una conversación o al estar escuchando música, al estar viendo la tele o al ir a trabajar; dónde sea y cómo sea, despiertas. De repente, dejas de hacer lo que estabas haciendo y te dices: oye, que yo soy yo y lo otro es lo otro. En ese instante te sientes por fuera de todo, nunca en nada, y no puedes, no puedes seguir haciendo lo que haces. Digamos que tienes una “conciencia abstracta” de las cosas.
Pues bien, esa conciencia abstracta, que te saca fuera de todo, incluso de ti, es lo que te inutiliza. Te sientes pasajero, corto, enanísimo. Esa conciencia abstracta te desentiende de todo, te imposibilita todo. Desde ella puedes ver que no te estás divirtiendo, que no estás hablando, que no estás haciendo nada. Te sientes en la pobreza general de esta vida, en el saber que todo esto no debería ser así, que es demasiado poco, demasiado aburrido, demasiado triste… Sabes que no debe ser así, que el amor es otra cosa, que el arte es otra cosa; que la vida es otra cosa y no esto.
El imperativo de buscar otras cosas se apaga inmediatamente. Buscarlas supone caer en las cosas que ya están hechas así. Sabes que no puedes hacerlo solo, que hay que cambiar todo de raíz. Y, claro está, no adviertes cuántos como tú han caído en esa conciencia abstracta, cuántos como tú se estarán preguntando también que cuántos como ellos hay. La sociedad incomunica para fortalecerse. ¿Quién podría decirle esto a alguien sin que le tomen por un loco, un colgado o lo que sea? El individuo, hecho a imagen y semejanza de la sociedad, se tiene que defender también ante un ataque así.
Mr. Fánegas (¡AGC; AGC; AGC!), Más espacios no euclídeos.

—-

“Sandrita, Sandrita, Sandrita”, mascullaba Jer. Aunque aún era pronto para salir de marcha, un gran número de chicos y chicas bajaban de los trenes que se detenían en la estación, hecho que daba algo más de sabor a aquella intensa espera. A Jer le gustaba recrearse en el complicado gusto de las féminas que salían de los vagones: ombligos al aire, enormes pantalones de campana sin cintura, pañuelos colosales que recogían el pelo. Una orgía de colores tan bien combinados que a veces resultaban demasiado deliciosos para el gusto de Jer. No deseaba a las chicas como uno imagina que se tiene que desear a las desconocidas, sencillamente le atraía más poder acercarse y charlar y reír un rato con ellas, tomarse unas copas. Algunas de ellas, casi siempre formando pandillas, parecían detenerse un instante y observar distantes al chico, sentado en aquellos cachivaches de plástico que se desmoronan cuando uno se mueve un poco. Allí, tan solo, tan callado y angustiado por la espera de alguien más descortés. Nadie podía negar que la compasión susurrara a la oreja de alguna de las muchachas. Después desaparecían por las escaleras del apeadero, olvidando al instante aquel rostro desesperado.
Quiromántrico, Marchitarse en una noche

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Prometo estar agradecido

May 11 2009 Published by raulquiros under reflexiones

Un día, va Martin Amis, escritor, se levanta de una resaca y suelta:

No hay muchas oportunidades de agradecerle nada, pero tendríamos que estar agradecidos a ETA por asesinar al hombre que iba a reemplazar a Franco.

Publicado en El País.

Una maniobra periodística muy astuta, no sólo por la irrelevancia de la afirmación (a toro pasado) sino porque acierta contra una llaga que no cierra o no dejan cerrar desde el continuum narrativo de los medios de comunicación españoles: ETA es y debe ser hasta que no sea necesaria para justificar ciertas maniobras legislativas e incluso éticas: desde la Ley Corcuera, la Ley Antiterrorista o la Ley de Partidos, hasta la justificación velada de la tortura o la pena de muerte. Hay una sentencia de Felipe González, en el documental La Pelota Vasca que dilucida, con su cinismo recalcitrante, la situación. Cito de memoria: “[Al GAL] No se les puede llamar terrorismo de Estado. Si el Estado se propone acabar con el terrorismo, puede ocasionar otros problemas, pero acaba con él.

En cualquier caso, este tipo de declaraciones dejan impune al declarante: cualquier voz que discrepe será restringida como censora bajo el prisma de la correción política. Sin embargo, deja un poso de incómodo en el lector atento: Martin Amis no hace suya o no quiere hacer suya aquella consideración ética según la cual ningún hombre debe ser utilizado como medio, ni siquiera el malo-fascista de Carrero Blanco, presunto heredero del franquismo (habría que analizar convenientemente si la elección de un hombre de Estado de la vieja guardia hubiera supuesto una continuidad con el régimen anterior o si, en verdad, la sociedad española clamaba desde hacía algunos años por una verdadera transición política y le importaba un pito quién estuviera). Dejan impune al declarante, porque en realidad no tiene otra responsabilidad que la de entretenernos con sus memeces y luego escribir libros, y sobre todo, hablar de ellos en el fragor de sus afirmaciones aleatorias. Ahora sí puede decir: “Todos los hombres son mis hermanos”, justo después de aplaudir la muerte de uno de ellos para el bien común o “Y te vuelves loco, porque el poder corrompe. No es una metáfora, puedes sentir cómo te arruina”, o cualquier chorrada traída al pairo.

Le queda a Martin Amis para terminar con el encaje de bolillos, y ya que se ha tirado a la piscina de la sangre útil, explicar si el Foro de Ermúa, AVT, etcétera deben agradecer su existencia y prolijidad en según qué medios precisamente a aquello que pretenden destruirla.

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Una lección en imágenes

May 09 2009 Published by raulquiros under poesía

DVD Editores acaba de publicar “Sustituir estar” de Julián Cañizares Mata.

Trato de estar más allá de las novedades literarias, especialmente en poesía, y mi natural desconfianza es un prejuicio que trato por todos los medios de erradicar. Leer es la actitud más noble.

Sustituir estar

Sustituir estar


A veces pienso que soy yo, que no consigo abrirme lo suficiente a las nuevas (o viejas) propuestas, hay  popes de la poesía española que se me caen de las manos incluso después de su trayectoria corroborada por premios y homenajes: soy, entonces (concluyo), un mal lector o, al menos, un lector innoble.

El poema que transcribo abajo fue el que me urgió a buscar este libro que, afortunadamente, tenían en Bertrand.

En él se consumen, como en un papel de fumar prendido, todo lo que a mi entender hace un poema. Una imagen que se va construyendo o, más bien tejiendo, a lo largo de los versos y que alcanza su plenitud cuando el padre dice que ese pato que señala es el pato y la muerte. El recorrido que traza hasta llegar a esta explosión está moteado de otras imágenes y formas sencillas, mutatis mutandi, se va dibujando una compleja maraña de significaciones donde acuden elementos de dura raíz, como la imaginación infantil, el padre, la muerte. Lo mágico de los versos que siguen a continuación es que ese pato, esos patos, no están: se sustituyen, son permutables. Ese pato es el pato y la muerte.


PATOS

Una vez mi padre me llevó al parque a ver a los patos.
Los patos tomaban el sol en un balsa llena de agua.
Mi padre me los iba señalando uno a uno, por tamaños.
Había algunos en el agua, y otros en la tierra.
Cuando se es niño los patos tienen mucha importancia,
son como hermanos que sólo quieren que estés contento.
Entonces el dedo de mi padre llegó a un pato muy quieto,
y mi padre se quedó callado lo que puede callar un padre.
El pato estaba en una posición muy extraña en la vida,
dulcemente. Mi padre me dijo que era el pato y la muerte.
Y mi padre me dijo: no te preocupes, lo sustituirán,
y mañana volveremos y habrá otro pato nadando.
Pero yo estuve llorando toda la vida en otro mundo.

La propuesta, sin apostar por la novedad estrambótica, es fatal. Así reza la contraportada. Esto es una recomendación a la hondura de la que es capaz este libro.

Todo comienza cuando, sentados en una terraza, somos conscientes del momento. La gente que pasa y continúa su camino. La persona que sustituye a la otra persona en la misma mesa. Respirar por si acaso, conjugar un verbo que englobe al mismo tiempo el pasado, el presente y el futuro, que englobe al mismo tiempo la mesa donde estás sentado, la gente que pasa, el aire que circula sustituyendo al otro aire. Un algo por otro algo, o un alguien por otro alguien. Los días, las mesas, las filas. Nada sobra y nada falta. Conjugar dentro y fuera de la respiración. Así comienza cualquier cosa que esté en esa terraza cualquiera. Y sólo un verbo: sustituir estar.

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Iniesta, los moluscos e Italia

May 06 2009 Published by raulquiros under reflexiones

Este momento es la ostia.
Andres Iniesta, ayer.

A Iniesta le gusta el marisco o Italia, según el diario Sport.

O eso, o el pobre Iniesta no pronuncia las haches cuando habla.

Actualización:

Definición de ostia, según la R.A.E.: 1. f. ostra.

Definición de hostia, según la R.A.E.: 1. loc. adj. vulg. malson. Muy grande o extraordinario. Se ha comprado un coche de la hostia.

Actualización II:
Ahora sí, los de Sport son la hostia.

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Todo el mundo al suelo

May 06 2009 Published by raulquiros under relatos

Desde que perdió el trabajo lo veía tan derrotado, tan falto de ganas incluso cuando se llevaba un puñado de cacahuetes salados a la boca los sábados que había fútbol, que una tarde decidió abandonar el quicio de la puerta del salón desde donde lo miraba con el cejo alzado y el labio inferior mordisqueado, y escribirle una carta de amor. Un segundo antes de lanzarla a la boca del buzón – después de algunas manchas de café y otros borrones – pensó en no firmarla. Así lo hizo: rompió la carta y escribió enfervorecidamente una nueva declaración de amor, anónima. La llevo esta vez a Correos y preguntó cuántos días tardaría en arribar y el funcionario dijo que tres días, sin que su bigote vibrara con entusiasmo alguno. Tres días en los que trató de comportarse con naturalidad, como si la naturalidad fuese algo propio del comportamiento, y algo debió funcionar, porque él siguió con haciendo de cada tarde una tarde de domingo y abriendo en canal sus bolsas de panchitos sobre la mesita del salón. El día que había de llegar la carta, ella se excusó diciendo que tenía muchísimo trabajo en la oficina y que volvería más tarde de lo habitual: así le daría tiempo de sobra para leer y meditar sobre la carta. Pasó la tarde con una amiga, quien la encontró más inquieta que de costumbre, y ella, entre tanto, sólo suspiraba y suspiraba como la enamorada anónima que se había inventado.
Cuando abrió la puerta de casa se lo encontró de pie en el salón, leyendo las hojas de papel. Tosió para que se percatase de su presencia y él, con un gesto brusco, escondió las carta entre facturas y recibos. Se giró y le abrió los brazos de par en par, con una sonrisa tan gigantesca como falsa
- ¡Cerdo! ¡Canalla! – gritó ella. Y salió de la casa dando un portazo.

Antonio Vélez, Abcesos directos

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