Las razones del lobo (y IV)

In: relatos

15 dic 2008

Set, que vivió novecientos dos años, tuvo el infortunio de lacerarse un dedo con una hoz un día que recogía la mies. Levantó el puño hacia el cielo y descargó sus ira contra Él. Enós, que era su hijo lo escuchó entonces, y cuando murió su padre, levantó el puño y descargó la misma ira, como había visto hacer. Cainán, hijo de Enós, y Malael, hijo de Cainán, hicieron otro tanto cuando llegó el momento, y así hasta llegar a Noé, quien, de tanta pena que padeció por la muerte de su progenitor, se fue en silencio a su arca y allí estuvo llorando sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. Dios, que le había visto, cerró la puerta del arca detrás de él.

Ser cristiano es una lata, Pedro Nogales

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Este es el blog de Raúl Quirós Molina, autor de varios libros de poesía y en proceso de publicación del libro de relatos Un hombre cae de un edificio También mantiene el blog de humor Mugu