Blog de Raúl Quirós
In: reflexiones
12 dic 2008La excitación me recorre el cuerpo. Llevo toda mi vida esperando una noticia como la que viene a continuación.
Veréis, todos los que nos lanzamos a esta aventura de escribir lo hacemos con un cierto bagaje, o al menos pretendido bagaje intelectual: el tiempo que no invertimos en desarrollar nuestras habilidades sociales lo empleamos en ver películas tildadas de snob, sumergirnos en libros de autores rusos de más de cuatrocientas páginas, escuchar piezas clásicas y otras frugalidades, las cuales, por el tiempo que consumen en su disfrute, nos impedían la socialización con otros seres humanos y animales varios.
Pero gracias a la industria editorial hoy los jacobos, empollones, cerebritos y ratones de biblioteca tenemos la oportunidad, no ya única, sino mística de poder utilizar esta la tan nuestra habilidad para absorber cultura para concedernos un deleite carnal. En palabras contantes y sonantes: Un manual del trato con las chicas.
Sé que suena paradójico, pero un servidor se metió en esto de la literatura para ligar. ¿Qué otro motivo, si no uno los más viejos del mundo: poder, dinero, amor, podría atarme a un libro un viernes por la noche? Soy humilde y no busco ínfulas ni aplausos: sólo alguien con quien pasar la noche y parte del día.
Y ha tenido que ser un prepúber, un niño de nueve años, el que nos ha abierto los ojos con su Cómo hablarle a las chicas. Excitante propuesta y excitantes consejos, algunos tan ingeniosos como:
La mejor elección para la mayoría de los chicos es una chica normal… algunas chicas muy guapas tienen un corazón de hielo.
¡Pobres zorras coquetas! A partir de ahora ninguna Scarlett ni ninguna Penélope Cruz de tres al cuarto me romperá el corazón. Que sus Bardemes se las queden para ellos. ¡Ingenuos, zotes, anarquistas del buen gusto! Una vez más, la pluma puede sobre la espada.
Es fácil detectar chicas bonitas, porque usan aros enormes, vestidos llamativos y muchas joyas [...] Las chicas bonitas son como autos que necesitan mucho aceite.
El endiablado niño es todo un canalla sacado de un Estudiante de Espronceda modernete. Una chica es como un coche, y por tanto es lícito hacerle el rodaje, darle cera e incluso tunearla. No tengo el libro en mano, sólo los comentarios del periódico. Y tengo verdaderas ganas de hincarle el diente al libro, y a alguna desprevenida que espero que no haya leído el libro.
Al artículo le falta incluir si el niño comenta los aspectos más jugosos de las relaciones hetero, porque lo hasta aquí dicho queda un poco escaso. Mi interés se centra en cuestiones como:
El libro además se llevará al cine.
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Las mujeres gozan del privilegio (negativo) de no dejarse engañar por los juegos en los que se disputan los privilegios, y de no estar atrapadas, al menos directamente, en primera persona. Pueden incluso vanagloriarse y, mientras no estén comprometidas por procuración, considerar con una divertida indulgencia los esfuerzos desesperados del “hombre-niño” por hacerse el hombre y la desesperación que en él generan sus fracasos. Ellas pueden adaptar sobre los juegos más serios el punto de vista distante del espectador que observa la tempestad desde la orilla, lo que puede valerles para ser tildadas de frívolas e incapaces de interesarse en cosas serias, como la política. Pero, al ser esta distancia un efecto de la dominación, están a menudo condenadas a participar por procuración, por una solidaridad afectiva con el jugador, que no implica una verdadera participación intelectual y afectiva en el juego y que las convierte con frecuencia en seguidoras incondicionales, pero mal informadas, de la realidad del juego y las correspondientes apuestas.
Pierre Bourdieu, La dominación masculina
Este es el blog de Raúl Quirós Molina, autor de varios libros de poesía y en proceso de publicación del libro de relatos Un hombre cae de un edificio También mantiene el blog de humor Mugu
2 Responses to Las razones del lobo III
Reena
enero 6th, 2009 at 2:42
Esto es de coña, Raulillo?
Raúl
enero 6th, 2009 at 14:58
¿Si es coña el qué? ¿Lo del manual o lo de darle cera a las féminas?
Me temo, Reena mía, que ninguna de las dos.