Las razones del lobo II
Ahora ya no me acuerdo de cuándo murió mi abuelo Gregorio; es más, apenas puedo encontrar en mi memoria algún retazo de su imagen. Sé que su calva estaba poblada de manchas, blanco el poco cabello que le restaba en la nuca y que la carne de su tez parecía gotear hacia la papada. Era del Barça, y un cascarrabias. Le llamaban Berrinche Senior (Berrinche Junior es mi viejo y los nietos somos los Berrinchines).
Se murió un día del que no me acuerdo, como ya he dicho. Mi padre nos sentó en el minúsculo salón del piso, nos dijo con voz cruda que se había muerto y luego se echó a llorar. Sólo he visto llorar a mi padre en dos ocasiones. Me impresionó mucho. Más que la propia muerte de mi abuelo, que a decir verdad, sólo me produjo cierta nostalgia, ya que no le conocía mucho. Sólo vi llorar a mi viejo otra vez, en Navidad. Durante años pensé que había sido culpa mía. Luego comprendí que yo era un niño, él un adulto y que nuestro mundo no era el mismo.
Mis padres no nos dejaron ir al velatorio, para ver un trozo de carne pudriéndose mejor os quedáis en casa, dijeron. Durante la cena en la cocina de mi abuela no abrimos la boca.
Por aquellas fechas murió Chu-lin, el queridísimo oso panda del Zoo de Madrid. Salió en todos los noticiarios. Parece que todo el mundo le quería. De mi abuelo no dijeron nada en la tele ni en la radio. Es decir, un hombre como mi padre, firme, noble, inteligente a su manera, que nunca nos castigó cuando suspendíamos, sino que nos preguntaba, devastador: ¿seguro que has estudiado lo suficiente?, se había convertido durante unos instantes, enfrente de sus tres hijos y su mujer, en un corazón destrozado por la pérdida de su padre.
Algo debió ir realmente mal en mi cabeza cuando vi aquella farsa de condolencias, plegarias, velatorios, declaraciones institucionales sobre el animal. No entendía por qué un oso que nació en cautividad, que agonizó durante 10 o 15 años en una jaula, se merecía, incluso después de muerto, tanta humillación. Si yo no te llamo ’zorra’, no te trato como a una ‘cerda’, no advierto a mis amigos de que eres un ‘mandril’, no te digo que ese vestido te hace parecer una ‘foca’, es decir, no te rebajo a ser un animal; no veo por qué a uno oso panda se le debían hacer los rigores funerarios que a los humanos, tratarlo como a un humano, rebajarlo a ser hombre. Así se dice que era un animal digno y quería a los niños. Por eso se le trataba como a un hombre. Se le encerraba en una jaula.
Esta semana se le ha muerto el gato a Sánchez Dragó. Salió en la radio, en la tele, en el blog. Cientos de amigos le muestran sus condolencias. También ayer murió la abuela de un compañero de trabajo. Hoy no ha venido. No sabíamos si el velatorio sería hoy o mañana.
6 Respuestas a “Las razones del lobo II”
La casualidad me ha traído hasta aquí. He leído lo más reciente y me gusta. Con (y sin) tu permiso te pongo entre mis favoritos. Volveré.
Gracias Nadna, un placer leerte. Te agrego también a ti.
Tenía curiosidad por este libro del que he oído hablar a Alex. Tenía curiosidad por saber qué se cocía aquí.
No lo he leído pero sí he leído la presentación que le hicieron. La verdad es que promete.
Mi enhorabuena porque eres joven y no es fácil.Ojalá todos los que se publicaran tuvieran el sentido que veo en el tuyo.
un saludo desde Valladolid.
Gracias Marta. La presentación fue un verdadero éxito precisamente por la gente que vino: muchos amigos y familiares.
Un saludo desde Alcalá de Henares.
Un magnífico post, con una prosa bellísima. Seguiré pasando por aquí…
Por cierto, tu reflexión sobre la indignidad de humanizar a un oso (o a un gorila, recuerdo ahora la estupidez con la muerte de Copito de Nieve) me recuerda un poema de Ángel González, “Introducción a las fábulas de ánimales”
Introducción a las fábulas para animales
Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.
Hoy quiero y perdonad la petulancia
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejá atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.
Hola Theo. Es un placer tenerte por aquí. No conocía ese poema de Ángel González pero creo que refleja muy bien lo que trataba de contar en el post.
Un abrazo.
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